Los consensos fiscales que negoció el gobierno de Macri con los gobernadores fueron negociados por Juan Schiaretti, jefe informal de una liga de mandatarios y Rogelio Frigerio, entonces mega ministro del Interior.
Fueron la base del equilibrio de las administraciones provinciales que les ha dado sustentabilidad política a los distritos que hoy condicionan con su voto en el Congreso a Olivos. Aún hoy, con los recortes de fondos del gobierno federal, las 24 provincias terminan con equilibrio operativo.
El déficit cero que festeja el gobierno nacional se hizo a costa de los salarios provinciales y de las jubilaciones nacionales. Cito el informe del economista Nadin Argañaraz cuando afirma «La licuación de salarios y de jubilaciones terminó siendo la principal vía para ajustar el gasto público nacional y provincial. En definitiva, la licuación salarial y de jubilaciones explicó el 38% del ajuste de gasto nacional y el 50% del ajuste de gasto provincial» (Informe IARAF, proyección de set/24).
Milei había cercado a los gobernadores desde el salón VIP de Expoagro en marzo pasado con una amenaza propia de la política líquida: «Los voy a mear a todos, ¿quiénes se creen que son?».
Se había caído la primera versión de la llamada ley de Bases, y terminó saliendo apenas un tercio de ese proyecto, siguiendo las demandas de los bloques opositores y del Congreso.
La contraola unitaria
La salida del juez más federal de la Corte puede fortalecer el proceso de la contrarreforma constitucional que alienta desde hace años el peronismo y que el gobierno de Milei ha sumado a su menú. Es la contraola del unitarismo fiscal que ha llevado a la máxima tensión a la Nación con las provincias.
La contrarreforma constitucional querría derogar la elección directa del presidente, quitarle el rango constitucional a los tratados internacionales a los que ha adherido el país, disolver el Consejo de la Magistratura y pulverizar el sistema de coparticipación federal de impuestos.
Desde ya que quieren llevarse puesto el instituto del ballotage, que fue la condición que le impuso Raúl Alfonsín a Carlos Menem, a cambio de la reelección. El peronismo logró ese raro sistema de un ballotage de 45 puntos y no de 50, que hubiera sepultado para siempre al peronismo.
(De la columna «2025: más experimentos en la escena política» AVANT PREMIERE, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/2025-experimentos-escena-politica_0_KHjh0LKN0B.html#activateComments)