Confianza y lealtad, recursos escasos
La confianza también es un producto necesario hacia adentro del Gobierno. Más aún en una administración que no es dueña de su programa: lo heredó de Cambiemos y reclama que lo defiendan políticos que fueron votados como opositores. Esta es una de las tantas disfuncionalidades del Gobierno actual: gobierna quien sacó un tercio de los votos y tomó prestados a la competidora de su fórmula, para subirla al Gabinete, y al programa que habían preparado para sus competidores.
Gobernar sin ser dueño del programa potencia la necesidad de la lealtad, que en política no es de abajo hacia el de arriba. La lealtad en política fluye de arriba hacia abajo. Quien conduce confía en quienes están en funciones operativas con lealtad, por ejemplo, para defenderlos ante la adversidad.
Mandar es proteger al mandado. En el orden castrense, donde la lealtad y la autoridad van de la mano, los reglamentos dicen que el bienestar de la tropa es responsabilidad del comando. Quien manda protege, no castiga. Agravó todo cuando algunos de los castigados le ponían fondos de campaña cuando nadie lo hacía. Y así les pagaron.
(De la columna «La advertencia de Emilio Monzó, dos DNU vitales para el Gobierno y crece la pelea Rosada vs. Congreso», Avant Premiere, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/politica/advertencia-emilio-monzo-dnu-vitales-gobierno-crece-pelea-rosada-vs-congreso_0_TVXTIYp0CI.html)
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