Cristina, problema de Milei
La insistencia en el «Cristina Libre» busca hacer insoportable cualquier sesión del Congreso y poner en la superficie la detención para complicarle las cosas al gobierno. No es fácil para un gobierno, y más aún tan débil como este, gobernar con la jefa de la principal fuerza de oposición entre rejas, por más que sean las rejas de su balcón.
Rompe cualquier regla de normalidad, como recordó la jueza María Servini, que dijo a una radio que no imagina que Cristina esté mucho tiempo presa, porque es una fuente de conflictos. Cuando Servini habla ex cathedra hay que tomar nota. Por su experiencia, sus dichos equivalen a una sentencia de la Corte. Es presumible que esos conflictos impacten en quien gobierna, que es una administración con legitimidad democrática.
Convivir con la jefa del peronismo presa e inhibida fomenta una confrontación difícil de resolver. Y más para un gobierno que concentra su tarea en la gestión financiera y no en la política, terreno en el que acumula cada vez más errores. Cuanto más, se ocupa de la propaganda, que es vender humo.
La Argentina contemporánea ya vivió una crisis semejante cuando la justicia ordenó la prisión preventiva Carlos Menem en 2001. Menem ocupaba la presidencia del Consejo Nacional del PJ, que llegó a sesionar un día en la quinta de Armando Gostanián en Don Torcuato.
Los llevó Eduardo Duhalde en un doble camello de larga distancia, cedido quizás por su amigo el empresario de transporte de pasajeros, el «Ronco» Héctor Lence, una luz en el camino. De la Rúa renunció a la presidencia el 21 de diciembre de aquel año, 30 días después de que Menem fuera liberado.
Seguramente la jueza Servini se expresó sobre Cristina con este antecedente en la memoria. “Dígame a cuál ha visto – preguntó en el diálogo con El Destape – que haya cumplido la condena de prisión toda. Algún presidente que fue famoso creo que de África, una cosa así. Dígame si hay otro”. Pensaba seguramente en el caso de Nelson Mandela, que estuvo preso 27 años, pero bajo un régimen dictatorial.
El atajo del indulto
¿Cómo evitar una situación, una expresidenta presa bajo un gobierno democrático pero débil, como lo era aquel de De la Rúa? Respuesta obvia: quien no tiene poder no puede gobernar, ni tampoco un presidente puede incurrir en delitos. O por lo menos debe saber defenderse.
En el caso de Cristina, se emprendió una defensa política (el lawfare) cuando quizás, por el resultado que tuvo, debió ser técnica. Para salir de esos laberintos existe el indulto, algo que pudo haber firmado Alberto Fernández cuando asumió.
Hubiera evitado, además, la sombra de Cristina que sepultó su gobierno. Gerald Ford indultó a Richard Nixon para sacárselo de encima, no porque fuera inocente. Un Nixon condenado hubiera marcado toda su presidencia.
(De la columna «Los desvelos de la (in)habilitación de Cristina para ser candidata», en Entretelas de la política, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/desvelos-inhabilitacion-cristina-candidata_0_GA2d0hYpoP.html)