El desdoblamiento es el golpe político más serio que ha sufrido Cristina en su carrera. Kicillof, apoyado por los intendentes, una etnia en la que el kirchnerismo nunca confió promovió el argumento de que el talón de Aquiles en la provincia de Buenos Aires fueron siempre las elecciones legislativas, de las cuales perdió 6 sobre un total de 9 que se hicieron desde 1983.
Aun en el momento de mayor fuerza de sus candidatos, perdió con la oposición. Hay cuatro ejemplos para demostrar que las legislativas han sido el «cementerio de elefantes» de las estrellas del peronismo en Buenos Aires:
En 1985, Antonio Cafiero, en su mejor momento, perdió con el radical Ernesto Figueras por 41,46% a 26,98%. En 1997, Hilda «Chiche» Duhalde, en el mejor momento de su marido, perdió con Graciela Fernández Meijide por 48,28% a 41,4%. En esa oportunidad, le preguntó un periodista a Chiche: “¿Hay una madre o un padre de la derrota?”. “Un padre”, respondió conyugalmente Chiche.
En 2009, Néstor Kirchner (acompañado de Daniel Scioli y Massa en un «dream team») perdió con Francisco de Narváez por 34,68% a 32,7%. En 2017, Cristina Fernández de Kirchner, jefa del peronismo, perdió con Esteban Bullrich por 41,35% a 37,3%.
El peronismo hizo las mejores elecciones de medio término en Buenos Aires después del fracaso del radicalismo en la gestión económica: después de Alfonsín en 1991, y después de De la Rúa en 2001.
Cristina, necesitada de una victoria que la reivindicara, se mantuvo antes del desacople como candidata a diputada nacional, y después de la separación de fechas como candidata provincial en la 3ª sección electoral. La confirmación de la condena la dejó fuera de juego. Nunca nadie perdió tanto ante tan poco.
Riesgo país + Abstención
Los números de las elecciones del domingo, el resultado y el porcentaje de asistencia a las urnas, son la métrica de la debilidad y hay que cruzarlos con el riesgo país, que escaló a los 900 puntos a medida que avanzó la campaña electoral.
Es el resultado de la incertidumbre sobre el futuro que sienten los. El Gobierno inventó el riesgo «kuka» como su adversario final. Ese riesgo era en 2019 uno de los cuatro que identificó Macri como motivo de su fracaso. Los otros tres eran: el fly to quality de los fondos de países emergentes hacia la tasa alta que prometía Trump, la sequía y la causa cuadernos.
Milei solo identifica el riesgo «kuka». Admitirlo es reconocer la incapacidad de hacer política, porque vencer al adversario es la primera misión del político. Podría Macri no haber tenido sequía ni fuga de capitales a mercados financieros más rentables, o una causa cuadernos, pero debía vencer al peronismo kirchnerista. No lo logró en 2019.
El mismo drama tiene hoy Milei, que es otro mandatario de minoría, puesto por otros y que no construyó poder de abajo hacia arriba. Descendió sobre el trono en un paracaídas de oro.
El sistema republicano se basa en la construcción de poder desde la base de la sociedad, lo que lo diferencia de la tradición monárquica, que transmite poder desde la cúpula hacia abajo. Milei y Kicillof no llegaron a sus cargos por una construcción de poder con herramientas propias.
(De la columna «Doble PASO bonaerense, Milei en el espejo de Macri y el golpe más duro para Cristina», Avant Premiere, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/politica/doble-paso-bonaerense-milei-espejo-macri-golpe-duro-cristina_0_LRwKbc7jSh.html#activateComments)