Si entra, es gol
Si entraba era gol. Esta obviedad que suele distraer a los relatores de fútbol recuerda al caramelo de madera con el cual Trump halagó a Milei. Le habrá corrido un frío por la peluca, como cuando Emilio Cárdenas, aquel lobista neoconservador que representó a Menem en la delegación argentina en la ONU, le escucho decir: “Mientras yo esté aquí a usted no le va a pasar nada”. Cárdenas, que había presentado la renuncia, sintió la corriente helada por la espalda. ¿Y cuando ya no esté Menem qué me puede pasar? debió preguntarse. Como puede preguntarse hoy Milei que haría Trump con él si perdiese las elecciones, estas o las de 2027. Cárdenas se inquietó ante algunos testigos que reportaron la anécdota, que ocurrió el día cuando Cárdenas se despidió de Menem al dejar el cargo, ante las puertas del ascensor privado del área presidencial. La frase de Trump es un mensajito de campaña a los argentinos de un lado y del otro. A Milei, para que se ponga las pilas y se esfuerce en ganar las elecciones. A los votantes, que, si quieren salvarse, voten a Milei.
Trump a lo Pichetto: traten de ganar
El “Solo te ayudo si ganás”, traduce algo que Pichetto suele decirles a los mileístas cuando desbarran en el Congreso: «Les encanta seguir perdiendo, y hay que ganar. Traten de ganar». Para algunos ha sido una extorsión. Es un exceso, porque esa herramienta la han cultivado otros guerreros de la política. Néstor fustigaba a los porteños en 2005 y les decía: “Esta vez voten bien y no como suelen hacerlo” – y que no votasen a «los descendientes de De la Rúa, Menem, Erman González y Enrique Olivera». Cristina y Máximo también hicieron campaña contra del voto porteño, que llevó al PRO al gobierno hegemónico en la Ciudad durante las últimas dos décadas. El gobierno se ata a fantasías como si las grandes masas que deciden las elecciones fueran a ponerle el voto a La Libertad Avanza por miedo a Trump. La intervención de personas ajenas es una norma de la globalización. Cada fenómeno nacional hoy tiene efectos transnacionales. Los populismos del siglo XXI se abrazan a un nacionalismo que abjura de la globalización. Pero esos mismos nacionalistas aportan a la utopía kantiana de un gobierno mundial. Con el mismo criterio transnacional con el que Trump interviene en la economía argentina para agrupar intereses de los Estados Unidos, un ciudadano americano o de cualquier país intervenido por Trump podría reclamar la posibilidad de votar en las elecciones de los Estados Unidos.
(De la columna «El gobierno entra a la última semana de campaña agitando la bandera blanca», en Entretelas de la política, en Clarín del domingo – https://www.clarin.com/economia/gobierno-entra-ultima-semana-campana-agitando-bandera-blanca_0_BZ9Fu48sqt.html#activateComments)