El peronismo, aun gobernando Menem, inició una era contra reformista -que siguió el ciclo de la familia Kirchner- de devaluar los institutos de esa reforma, malversando la organización del Consejo de la Magistratura, la autonomía de la CABA, el instituto del tercer senador, la necesidad de sancionar una ley de coparticipación, y buena parte de las cláusulas transitorias.
Cristina de Kirchner desarrolló durante su mandato argumentos para promover una nueva reforma constitucional que asegurase más poder para los gobiernos y los liberara de la vigilancia de los poderes legislativo y judicial.
Cristina y Milei, absolutistas
Une a Milei con Cristina el método de tratar de gobernar sin controles, con emergencias y DNU. La versión más reciente de esta impugnación a la modernidad la hizo Cristina de Kirchner en 2022. Reclamó que los poderes del Estado fueran protegidos de la sociedad y sus controles.
En un discurso ante centenares de legisladores de todo el mundo, la entonces vicepresidente se lamentó de la debilidad de los gobernantes frente a la sociedad, algo que fue deliberadamente buscado por los fundadores de la sociedad moderna para sacarla de la barbarie del absolutismo.
«¿Cuánto, cuánto representa del poder, tomado en un 100%?», dijo en ese discurso de 2022. «Hablamos de poder cuando alguien toma, adopta una decisión y esa decisión se puede aplicar y es respetada por el conjunto de la sociedad, eso es el poder. Que te pongan una banda y te den el bastón un poquito es, pero créanme, créanme, créanme, y lo digo por experiencia».
Llamó, siendo vicepresidente, a una reforma que intentó durante su gobierno, con los proyectos de leyes de medios y de reforma judicial -ninguna resistió el paso del tiempo-.
«Tengamos en cuenta -explicó- que, cuando se adoptó esta forma institucional de gobernar, de la gobernanza, no existía la luz eléctrica. No existía el auto ni los celulares ni nada de eso. Miren como avanzó el mundo, la tecnología, cómo se fue creando y generando poder por afuera de las instituciones».
«Hoy -siguió- nuestras Constituciones son un reglamento de cómo tiene que funcionar el Ejecutivo, cómo tiene que funcionar el Legislativo y eventualmente el Judicial. Sobre todo, el otro poder que está afuera: mercados, monopolios, oligopolios, poder financiero internacional, nada de eso figura en nuestras Constituciones».
«Y lo peor de todo -concluyó- cuando las sociedades cada cuatro años o cada dos años eligen a sus representantes, no juzgan a ninguno de esos poderes, juzgan a ustedes, a los que están sentados en las bancas, que mucho, mucho, mucho tampoco se puede hacer”. Miguel Pichetto y Jorge Capitanich, cada cual, desde su perspectiva, se han mostrado permeables a una revisión de la Constitución.
De enemigos a amantes
La narrativa del mileísmo también ha sostenido una impugnación de la Argentina moderna y ha llamado a la fantasía de regresar al sistema que rigió antes de 1930 y a la constitución de 1853.
Basta leer los considerandos de los proyectos de la primera versión de la Ley de Bases y los del DNU 70/23, para conocer el impulso conservador en el sentido más literal del término, de vuelta a un país de un siglo atrás.
Esta coincidencia entre el peronismo y el mileísmo es tierra fértil para que en algún momento encuentren terreno común que permita superar las diferencias. El mejor momento para que esas coincidencias superen a las diferencias es cuando las fuerzas en disputa transitan por la peor relación; es entonces cuando encuentran un acuerdo, un espacio para satisfacer los objetivos de cada cual.
En las ficciones románticas hay una situación tópica que inspira novelas y filmes donde quienes se odian terminan amándose. Los productores llaman a ese tópico «enemies to lovers» -de enemigos a amantes.
(De la columna «Patricia Bullrich avanza en el Senado, Santilli en el espejo de De Narváez y el objetivo común de libertarios y K», AVANT PREMIERE, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/politica/patricia-bullrich-avanza-senado-santilli-espejo-narvaez-objetivo-comun-libertarios-k_0_TXghIZdjNx.html)
Foto AFP