La suma que no suma
Otra encuesta de la marca D’Alessio-Berensztein, también de diciembre pasado, preguntó sobre las preferencias partidarias de los consultados. Los electorados PRO + UCR + PU llegan a 30 puntos, por encima de UP (26%) y LLA (18%) (“Indicadores de Preferencias Políticas – Diciembre 2025”).
Pero como PRO, UCR y PU no muestran candidatos que los representen, LLA caranchea votos en ese electorado. Antes de 2015, el PRO hacía lo mismo: carancheaba votos en el electorado independiente, la UCR, la Coalición, etc. Pero no le alcanzaba para ganar, como ahora el carancheo no le alcanza tampoco a LLA, castigada en 2025 por la abstención.
Solo cuando el PRO hizo la alianza, pudo ganar. Estos alineamientos son inspiradores, aunque fantasiosos. Pero la política no se mueve según la regla de tres simple. Ni por la aritmética. Quizás por la geometría no euclidiana, que desafía las superficies planas y especula sobre las curvas.
La seguridad, un problema político
Otro cuadro que estos sondeos aportan es la percepción de los 1.000 consultados online sobre cuál es el principal problema de la Argentina. Afirma la mayoría que es la inseguridad. Una certeza sólo explicable por el peso de los medios militantes, porque la Argentina es el país más seguro de la región.
Pese a lo que dicen los números, los sectores medios, como en otros países del mundo, tienen en la inseguridad su principal demanda. Es la razón de que la marca de mejor imagen la tiene hoy, en la misma encuesta, Patricia Bullrich, que ya tuvo esos números cuando ocupó el cargo con Macri entre 2015 y 2019.
Ya entonces había heredado una situación de seguridad que ponía a la Argentina entre los países más seguros de la región, aunque no ocupaba el primer lugar como se presume hoy. Este resultado es halagador para el ego de Patricia, pero es un problema para el gobierno.
Si el público demanda más seguridad cuando ya la tiene, no es fácil disipar el malestar con algún producto mejor que la seguridad, que el país ya tiene. El reflejo derechoso ha sido promover reformas penales con endurecimiento de los castigos, como hizo el gobierno peronista en 2004 con el caso Blumberg.
La crisis Blumberg puso a Néstor Kirchner al borde de la renuncia después de la manifestación del 1° de abril de 2004. Un gesto reflejo llevó a reemplazar a Gustavo Béliz, ministro de Justicia y Seguridad, por Alberto Iribarne, que venía de ser el viceministro de Carlos Corach en el gobierno de Menem.
La opinión de los expertos es que el endurecimiento de penas no trae más seguridad. El gobierno igual ha puesto en la agenda de sus urgencias el tratamiento de un código penal más riguroso, con mano dura y gatillo fácil. No parece que ni aún con eso satisfaga la angustia de la burguesía urbana que ve inseguridad, aunque en los números no tenga la verificación.
(De la columna «Asoma Mauricio Macri y anticipa que el PRO va a presentar un candidato presidencial», ENTRETELAS DE LA POLÍTICA, en Clar´n de hoy -https://www.clarin.com/economia/asoma-mauricio-macri-anticipa-pro-va-presentar-candidato-presidencial_0_7GqrOs0ZiC.html#activateComments)
