Milei tiene que retener lo prestado
La carrera hacia el 2027 es un desafío fiero para el oficialismo. Tiene que construir una mayoría sobre la base del voto prestado que le hizo ganar el balotaje de 2023 y las legislativas de 2025. La megalomanía de sus argumentos proselitistas busca imponer la idea de que es un gobierno grande y fuerte, autoritario y exitoso, que necesita resistir el desafío de los adversarios.
El extravagante decreto que declara al 2026 como el Año de la Grandeza Argentina (56/26, del miércoles pasado) es una síntesis de ese ánimo proselitista. Imita la prosa soviética, maoísta y castrista que le pone mandato a cada año – Año del Maní, Año del Trigo Candeal o Año del Helado Artesanal. Ahora toca la grandeza.
Esa prosa tercermundista del decreto debería merecer la atención de los monstruos de la lengua, los Reverte y los Caparrós. Deben poner un límite a los delincuentes idiomáticos que hablan de “la emergencia ígnea”, eufemismo por “incendio”. Esa prosa oficial no basta para esconder que el gobierno es una formación débil con el voto prestado, que tiene que retener por lo menos los votos de 2023 y 2025 y, además, desmovilizar al peronismo del interior. Es lo que le permitió ganar la presidencia. Todo un desafío, porque hasta ahora no le ha salido.
Los gobernadores le ganaron antes la pelea fiscal
El tono de la pelea evoca la que libró Macri en diciembre de 2016. El gobierno de Macri envió en ese momento un proyecto que proponía aumentos moderados en el mínimo no imponible de Ganancias. Un acuerdo del peronismo de entonces (Kicillof, Massa) dio vuelta el dictamen en Diputados y levantó el piso de Ganancias. Derrotó al gobierno y fue el primer round del regreso de Massa al peronismo cristinista. Fue la ruptura del breve romance entre Macri y Massa.
Los gobernadores reaccionaron por el daño que le hacía a la coparticipación de impuestos. Macri en persona intervino y se reunió en Córdoba con Schiaretti, que era gobernador. Acordaron que el proyecto que había votado Diputados sería desfigurado en el Senado para preservar los fondos de las provincias. Schiaretti encabezaba la liga de gobernadores que había negociado los consensos fiscales con Rogelio Frigerio. Reunió a los mandatarios en un hotel y fue a negociar con Pichetto, jefe de la bancada peronista del Senado, el rechazo de esa aprobación. “- Esto no va porque nos quita fondos”, reclamó.
Alberto Abad (entonces en la AFIP) fue de urgencia al Senado para decirles a los gobernadores que, si quedaba la reforma de Diputados, las provincias perderían cuatro meses de coparticipación. El Senado dio vuelta los tantos, el proyecto volvió a Diputados y se aprobó sin afectar a las provincias. La pelea que se repite busca, como en aquel momento, dividir a los actores políticos. Hacer pelear a los gobernadores con los contribuyentes, con los sindicalistas, con los jubilados. Dividir al adversario para ganar. Aquel episodio quedó en el ADN de Cambiemos. La ruptura Macri-Massa se ilustró con una cruda fotografía de los peronistas juntos cantando la marcha para celebrar la aprobación del dictamen.
(De la columna «La reforma laboral, una herramienta para allanar el camino del Gobierno a las elecciones de 2027», ENTRETELAS DE LA POLÍTICA, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/reforma-laboral-herramienta-allanar-camino-gobierno-elecciones-2027_0_U9p5X3lDGe.html#activateComments)