Una mirada a la micropolítica que transita por senderos de contracorriente permite advertir gestos que marcan tendencia:
• En el acto de Tucumán hubo gran despliegue de Victoria Villarruel y permaneció mucho más tiempo que el fugaz Milei, que llegó, dio un discurso y se fue. Se exhibió como protocandidata al decir que «Me gustaría ser la persona que sirva a los argentinos». Villarruel no necesita demostrar que no tiene nada que ver con Milei. Y todo lo que pueda sumar como figura para 2027 lo puede facturar como votos propios.
¿Qué dimensión puede tener? Representa un nacionalismo de base con fuerte impregnación católica y de aire malvinero con posibilidades de llegar a una franja que le puede quitar a Milei la unanimidad en la representación del centro derecha.
Si eso prospera y presenta una candidatura aparte a la de La Libertad Avanza, le sacará votos a Milei y, como minoría de la minoría, puede entrar de rebote en el balotaje, sistema en donde los segundos suelen tener más chances de ganar que los primeros. Aportó matices, como llegar en el mismo vuelo con la senadora por Santa Cruz Natalia Gadano, que milita en el frente del gobernador Claudio Vidal y está anotada como opositora.
• Estuvo ausente Patricia Bullrich, que no deja oportunidad de marcar diferencia. Lo hace desde la crisis de Adorni y confronta en lo pequeño con el núcleo del gobierno como manera de afirmar un pedestal propio.
A diferencia de Villarruel, Bullrich es Milei-dependiente como antes era Macri-dependiente o Carrió-dependiente. No está segura de que si lo enfrenta al presidente retenga el prestigio que tiene en las encuestas. Eso pone en duda la posibilidad de tener algún protagonismo, también como una segunda candidata de la centroderecha en unas elecciones con balotaje
(De la columna «El desafío de construir la casualidad «, ENTRETELAS DE LA POLÍTICA, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/desafio-construir-casualidad-2027_0_jvQPhrP86c.html)
