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MACRI ANOCHE CON LOS SOCIOS DEL SILENCIO, LOS RADICALES

Mauricio Macri abrió anoche los portones de Olivos para recibir, por primera vez desde que asumió el gobierno hace más de dos meses, a los legisladores del oficialismo del Congreso. La cita, que fue social y para compartir ni una cena – fue un bandejeo cuya modestia se justificó en que la residencia está en refacciones -, sirvió para contener, escuchar y acariciar a la rama radical de esas formaciones que integran, además, los legisladores del Pro y de la Coalición Cívica. Atenderlos en sus reclamos de atención es parte de una larga ronda de café que ha emprendido el presidente para tener un testimonio directo de qué está pasando en el Congreso y que su propia gente no le cuenta. Por ejemplo, por qué la comisión que revisa los DNU no aprobó los decretazos sobre el 15% de coparticipación, y sobre el AFSCA y el AFTIC (entes que manejan medios y comunicaciones) y los pasó para la semana que viene. También para escucharlos sobre cuál es el grado de compromiso que tiene la bancada radical en el año legislativo, que comienza en torno a medidas que sus dirigentes han criticado con soltura, como la quita de retenciones a las exportaciones mineras, con lo que se hizo un plato Elisa Carrió – ausente anoche en Olivos- quien permanece fuera del país.

La reunión fue tan claramente una apelación presidencial a la amistad con los radicales que, pese a que había otros jefes de bancada, paró a su lado a Ángel Rozas y a Mario Negri, jefes de los bloques radicales pero que ahora serán además los comandantes de los interbloques en Diputados y Senado. Mario Negri habló para agradecer el encuentro, que permitió un libre recreo de los legisladores con la casi totalidad del gabinete, algo poco frecuente, al no tener el radicalismo ningún funcionario que los represente en el corazón del poder de Cambiemos. Ese rol lo hubiera cumplido un Ernesto Sanz, hoy en la vida privada y víctima del síndrome veraniego de dejarse la barba, como algunos capitostes del gobierno que se fue que, según la mirada canalla de sus compañeros, quieren evitar que los reconozcan por la calle.

La urgencia de verse con los radicales obedece a los intentos de encuadrar a su gobierno en un rumbo unívoco, y que evite los permanentes chispazos entre funcionarios y entre los aliados, por medidas que emprende el gobierno sin agotar las consultas, y que obligan a quienes deberían funcionar con alguna disciplina a pasarse el día dando explicaciones. “¿De qué nos sirve que haya una reunión todos los martes con funcionarios del gobierno y el partido, si lo que nos terminan contando ahí es cómo se equivocaron?”, le dijo anoche uno de los socios del silencio a Macri en un aparte del encuentro.

El banco de pruebas es el decreto sobre las mineras, que descolocó a dirigentes radicales, que ganaron elecciones combatiendo a las empresas de esa actividad. José Luis Aranguren admitió en uno los corrillos que animó en Olivos con los visitantes que él no maneja los tiempos políticos. “Lo mío es lo sectorial, los tiempos políticos los manejan otros; yo siempre me manejé en la vida de otra manera”, se disculpó ante un legislador que se quejó de que el anuncio lo hubiera hecho Macri en San Juan, adonde el oficialismo peronista fue criticado por los radicales, por consentir actividades con uso de cianuro. “¿Qué chiste es éste – agregó otro – para Julio Martínez (hoy ministro de Defensa), que en La Rioja encabezó campañas y hasta lo tirotearon y le pegaron? ¿Con qué cara va a ir ahora a La Rioja?”. Quienes los escucharon no tuvieron otra salida de admitir que había sido un error el tiempo y el lugar del anuncio, pero que la medida estaba en la plataforma de campaña y que no se podía evitar. “Sí – les reconocieron – pero no de esta forma”.

EL reclamo de fondo de los radicales es por algún mecanismo que mejore los atributos de su cuota-parte en el gobierno, y lo expresa esta frase escuchada anoche en Olivos: “Acá Carrió tiene piedra libre para opinar y a Massa lo llevan a Davos y habla como un opositor: ¿nos pueden decir qué lugar tenemos nosotros los radicales en este juego?”.

Paseando entre los grupos de visitantes, Macri logró que alguien le explicase por qué se postergó en la comisión de los DNU, la aprobación del que derogó el decreto de Cristina de Kirchner, que les reponía a todas las provincias el 15%, que les descontaban para el sistema de jubilación. “Preguntale a tu amigo Massa”, lo respondió un radical, que explicó que los delegados en esa comisión del Frente Renovador habían mocionado por la no aprobación hasta la semana que viene de ese DNU y los del AFSCA y el AFTIC, que modifican la ley de medios audiovisuales y el sistema de comunicaciones.

¿Qué quiere Massa con este tema? Para los radicales el macrista blue, que es el diputado por el Tigre, está dando pasos para convertirse en el representante de los gobernadores en el debate de la coparticipación, y apoderarse de la canilla para soltar o frenar el debate sobre el reparto de impuestos. El peronismo logró juntar ya a 13 provincias detrás del reclamo, pero le falta algún dirigente que los represente en el corazón del gobierno. Los dividen inquinas partidarias y se han quedado sin los grandes nombres de quienes gobernaron provincias hasta el 10 de diciembre (Daniel Scioli, José Luis Gioja, Eduardo Fellner). El audaz Massa quiere ser el abogado de este lote de provincia peronistas en la pelea fiscal, para avanzar en posiciones de control en la nueva estructura del PJ, blindada hasta para él. Para eso tiene convencidos a algunos ministros del área económica, que lo mejor es que Macri firme un decreto para crear una comisión que estudie con tiempo y paciencia una nueva ley de coparticipación, dentro del formato de las comisiones multipartidarias a la que el gobierno anterior le confió las reformas a los códigos penal,  civil y comercial. Los radicales, que en esto tienen experiencia, rechazan ese mecanismo: sería – y se lo han dicho a Macri – convalidar desde el Ejecutivo el sindicato de gobernadores. “Ya han prendido la luz en el CFI (Consejo Federal de Inversiones), que siempre fue su club – le advirtieron al Presidente, y no hay que olvidar que a De la Rúa le sacaron dos pactos fiscales y después otro a Duhalde”.

Los socios del silencio le aconsejan a Macri que atienda a cada gobernador individualmente y que evite juntarlos. “Si nos convocan a todos juntos, algo siempre vamos a sacar”, es el mensaje que se cruzan entusiasmados, por su parte, los gobernadores, que ya saben algo de esta posibilidad de crear la comisión de la Copa (como llaman cariñosamente los gobernadores a la Coparticipación Federal de Impuestos). Igual tranquilizaron a Macri anoche sobre el DNU del 15%, que va a salir la semana que viene porque deroga otro de Cristina de Kirchner que, según quienes integran esa comisión, es manifiestamente ilegal porque legisla sobre impuestos. La ex presidente firmó una extensión del fallo de la Corte que se refería sólo a tres provincias, no a la totalidad, sólo para hacer demagogia entre los gobernadores, a quienes les había negado el recurso durante años.

Macri con legisladores de Cambiemos en Olivos 1

A unos pocos Macri les adelantó algo de lo que anunciará hoy sobre ganancias, acompañado por funcionarios y sindicalistas. Glosó ante algunos curiosos, detalles de la reunión con los sindicatos, de la cual el Presidente retuvo frases de Luis Barrionuevo como “no es posible que un tipo que maneja un camión gane cuatro veces más que un matricero tuyo, Caló”, y otras por el estilo. Parecieron mansos, ilustró el dueño de casa, pero después compiten entre sí y aprietan con lo que tienen. Retuvo también la advertencia de “Luisito” sobre la creciente agresividad de la prensa que parecía amiga. Las peleas por la convergencia de telefonía y medios separan las aguas más allá del control del gobierno, y se viene una guerra de titanes por dividirse – o no – el negocio. Agrava todo que haya un síndrome de abstinencia de pauta oficial, de medios no acostumbrados a funcionar sin techo. Eso duele, y explica el viraje de animadores a quienes les atacan inesperados ataques de periodismo independiente. Cuanto más demore la definición del nuevo sistema de publicidad oficial, todo puede volvérsele más difícil al gobierno con medios a los que creía amigos, y hasta socios.

También hablaron en los corros de Olivos sobre el discurso de apertura del año legislativo. Los radicales ven que en el gobierno hay dos opiniones divergentes sobre cómo abordar el estado de la Nación. Un sector como el que representa Marcos Peña – al cual Macri le deposita una confianza y unas funciones que no tiene nadie más en el gobierno – cree, con las encuestas que le acercan como respaldo argumental, que no hay que hablar del pasado, mirar al futuro y no hablar de la herencia recibida. Otro sector, que representa un Emilio Monzó, cree que el gobierno aún está a tiempo de lanzar un “Libro Blanco” sobre la situación que dejó la administración Kirchner. “A los que hacemos política nos serviría un balance, porque dentro de tres meses el peronismo va a decir que dejaron el gobierno con deflación, no con inflación”, rio anoche otro radical en Olivos, que se quejaba del menú ofrecido, y prometía desquitarse en una cena que lo esperaba un rato más tarde. Macri aseguró, antes de despedirlos, que dedicará un capítulo del discurso del 1° de marzo a glosar las lindezas del gobierno anterior.

UCR

Acertijo: ¿Dónde está Ernesto Sanz (ya sin barba) en esta foto?  Participó el martes de la reunión de radicales con cargo en el gobierno de Cambiemos, en la sede del Comité Nacional. Señal hacia Macri y también hacia antimacristas dentro del partido.

La invitación de anoche está en el interés de Macri de aceitar las relaciones con los radicales, que se enojan por sus gestos peronoides, sus amistades massistas y su manejo tumultuoso de los tiempos, como ocurrió antes con la designación de jueces de la Corte en comisión y ahora con las retenciones mineras. La cúpula del gobierno los hace participar poco, les muestra menos y no los consulta. Eso motiva reuniones como la del martes en el Comité Nacional, adonde José Corral juntó a casi un centenar de los 3 mil funcionarios que tiene en el partido en cargos del gobierno. Fue una señal hacia adentro, frente a quejas de correligionarios que sienten el frío de la indiferencia macrista, que debieron consentir quienes tienen altos cargos en la nueva administración, y hasta un Ernesto Sanz, que sigue funcionando – aun sin cargo – como el gerente de la UCR dentro del gobierno. El ex jefe del partido se sacó una foto con ellos pese a no tener cargo, pero se trataba también de dar un mensaje hacia adentro del partido, para los sectores que siguen siendo críticos de la alianza con el macrismo. Anima reuniones partidarias, visita a funcionarios traficando pedidos y sugerencias; lamenta cuando el gobierno no sacia los recamos de cargos y posiciones, y festeja cuando logran algo. Como anoche en La Raya, adonde se sentó junto a Enrique Nosiglia y un lote de amigos a celebrar la aprobación de las embajadas de Marcelo Stubrin y Normando Álvarez García, entre otros.

Este estado deliberativo de los radicales le preocupa a Macri, que ve cómo sus socios del silencio se reúnen cada día con más concurrencia de militantes. Debe evitar que le tiñan de radicalismo rancio su administración, pero un cisma con ellos tendría consecuencias terminales para su gobierno. Un equilibro para navegantes de riesgo; es el dueño del barco, pero el agua la ponen los radicales.

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