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EL PAPA BANCÓ A GRABOIS EN CHILE

“Yo sé que él nunca me usó, y que es genuino”. Con esta frase del papa Francisco tomó partido público en defensa del activista Juan Grabois. Fue en la mañana del miércoles, después de mantener una reunión a solas con él de media hora. Fue en la sacristía que se instaló en el aeropuerto de Temuco, en donde el papa hizo una misa ante más de 270 mil fieles. Grabois, que conduce la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, viajó a Chile con varios colectivos que transportaron más de 700 militantes de organizaciones sociales. El dirigente fue objeto de polémicas en la Argentina por las críticas que hizo a la persona de Mauricio Macri, con cuyo gobierno mantiene negociaciones por el cumplimiento de planes de ayuda a los pobres que el gobierno de Cambiemos ha comprometido desde que se inició en 2015. Grabois es cuestionado por sectores del sindicalismo, de la izquierda y del oficialismo a los que les cuesta entender la dimensión y la naturaleza de su método, que se inspira en las estrategias del papa Francisco.

Tapa

Tapa de la revista humorística de Chile “The Clinic”

Grabois es asesor del Vaticano en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral que tiene a su cargo los proyectos más importantes de Francisco en materia económica y social.

Después de esa reunión, Francisco recibió en esa sacristía, detrás del altar de la ceremonia, al músico Juan Namuncurá, descendiente del beato Ceferino, a quien había invitado el Papa para recibir en persona el texto de una reflexión sobre los pueblos originarios. Namuncurá fue introducido por el ex diputado Mario Cafiero y el ex embajador en la Santa Sede, Eduardo Valdés. En esa reunión el Para hizo el comentario sobre la personalidad de Grabois.

cura

Terminadas las reuniones, el Papa se digirió a un convento para almorzar con dirigentes mapuches, Grabois partió de regreso a la Argentina en donde estará algunas semanas dictando clases en Junín de los Andes. Namuncurá, Valdés y Cafiero viajaron de regreso a Buenos Aires.

Grabois

Este es el texto de la carta de Namuncurá al papa Francisco:

 Francisco, querido y respetado, soy Juan Namuncura, me preceden las acciones de mis antepasados, el más nombrado y amado de los últimos tiempos mi tío bisabuelo Ceferino, o Zapherino, nuestro Pequeño Zafiro.  En su expresión y deseo de ser “un puente para sus hermanos”, que en lo personal y como consecuencia de los tiempos, no solamente sus hermanos son los que en su momento eran los que habitaban las comunidades, hoy popularmente llamadas mapuche, sino toda la sociedad. Como si por su natural inspiración superior, también visualizó y sintió espiritualmente el devenir de los tiempos, en la cual una vez más, componentes del linaje de la Piedra, nosotros los Namun (pie) Cura (piedra) nos disponemos a fortalecer y crear más puentes entre los hombres. Consolidando Hermandad y Amor Incondicional, ante tanta desunión, fragmentación y odio, que tiene como propósito el fracaso del hombre y la creación, como proyecto divino, camino espiritual de ascenso universal a Dios.

Nunca fuimos familias definidas por lo infame de la guerra, lo cual carece de sentido en la cosmovisión y filosofía de nuestros ancestros. Pues todo lo que el Universo y la naturaleza por orden divina de Dios existen, tiene un motivo superior al entendimiento humano.  Por lo cual este entendimiento, en este plano muchas veces está sujeto al egocentrismo no al respeto y humildad ante la creación.

Huente Cura (Piedra Celestial), bisabuelo de Ceferino, por ejemplo, al conocer a José de San Martin, lo reconoce como hijo de estas tierras, el concepto de mestizo no es propio de los pueblos originarios, lo que Dios une, el hombre no debe desunir. No solamente por la comunión en el proyecto expresado por el general San Martín ante Huente Cura, sino por la búsqueda de concretar tal vez el origen de una nueva sociedad que empezaba a aparecer y expresarse en nuestro continente, muy diferente en conceptos sociales a lo vivido hasta el momento en Europa. Había que cuidar y proteger, único caso en el cual cuando hay que proteger la vida, nuestra gente opta por una acción que nos es difícil y extrema, la defensa.  De esa manera, Huente Cura, Futa Toki (líder Máximo) en esos tiempos, dio la orden de acompañar y formar el ejército para José de San Martin, brindarle el apoyo, alimentos y abrigo. Además de los pasos históricos ancestrales de mi pueblo para cruzar la cordillera de los Andes, por los cuales desde tiempos inmemoriales transitamos. Una de las evidencias, por citar una, el poncho que está en la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires fue tejido por nuestra gente como salvoconducto e identificación personal para José de San Martin. En él se observan los emblemas propios de mi familia y linaje Kura (Piedra).

En esos momentos el hijo de Huente Cura, Juan Kallfukura (Piedra Azul, abuelo de Ceferino) participo activamente de toda la gran epopeya Andina.

Juan Kallfukura, continúa con los puentes y la defensa. Albergando a los esclavos, gauchos, refugiados, marginados y perseguidos por personas poderosas que habitaban Buenos Aires. Herederos recientes de las prácticas de esclavitud, sometimiento, faltos de amor, humildad, propendiendo a la estimulación del ego, la vanidad y todo bajo instinto. Situaciones y acciones indignas y no aceptadas por nuestros pueblos.

Juan Kallfukura desarrolla una fuerte actividad política, con la que mantiene limites indeclinables ante el vandalismo de las colonias del otro mundo, también llegando hasta acciones muy fuertes defensivas, cuando las comunidades fueron atacadas, por los mercenarios llegados de Europa, contratados por la indignidad, para la concreción del genocidio y sometimiento de los pueblos Originarios.

No obstante Juan Kallfukura es el único líder no derrotado de la historia continental americana. Con él aprendimos a unirnos ante los hechos de agresión. También sobre la política y el dialogo diplomático como una herramienta para sostener la Paz, y defender la vida toda.

Al fallecer Juan Kallfukura, los Peumafe (soñadores espirituales) recibieron un mensaje del cielo, que decía que se avecinaba un periodo de otoño, luego invierno, por lo cual había que mantenerse en silencio y casi imperceptible por un poco más de 120 años.

Todos esos preparativos quedaron bajo la responsabilidad del hijo de Juan Kallfukura, el Gran Manuel Namuncura, padre de Ceferino. Por lo cual Manuel vive una etapa crítica, muy exigida, él debía encontrar el lugar donde estaríamos por todos esos años, y a la vez protegernos de la posibilidad de ser agredidos. Después de varias etapas agresivas intermitentes, con acciones políticas, Manuel logra, ser reconocido por las cámaras de diputados y senadores de la proto- argentina, pero es por un giro inteligente, en el que Manuel le da la posibilidad a esa idea de “República Argentina” que pudiera consolidarse, a la vez ser reconocido y también lograr decretos donde le respetaran los territorios asignados, previamente consensuados. Llega a tal punto de diplomacia y equilibrio político para ambos mundos, que hasta en el teatro Colon se había asignado un palco nominado, “Namuncura”. Además, cada vez que llegaba Manuel con su comitiva, era recibido por el Congreso de la Nación y se embanderaba la Avenida de Mayo en su honor, entre otras cosas. 

Por supuesto esto no inhibe la memoria en él y nuestra gente al respecto de crímenes que en breve fueron llamados de lesa humanidad y que no han prescripto al día de hoy. No obstante, logra un periodo de nuevos Puentes y Paz.

Uno de los grandes artífices de este nuevo periodo es Ceferino, su hijo amado, el Pequeño Zafiro de mi familia. Manuel envía a Ceferino junto a otros de sus hermanos, a diferentes áreas de estudio y conocimiento de la sociedad porteña, para poder entender profundamente el tejido subyacente que motivaba a esa sociedad a tener tan disimiles actitudes y pérdida constante de un camino signado a la bondad y hermandad. En todo ese periodo, Manuel tuvo su residencia porteña, en el Barrio de Caballito sobre la calle Lezica, a cuadras de la casa de Sáenz Peña. Con quien se reunía cotidianamente a intercambiar ideas y políticas para la consolidación de la naciente República Argentina, en equilibrio.

No me referiré a lo actuado por Ceferino, porque usted querido Francisco y yo, conocemos los hechos, sensibilidad y corrección que tuvo. Construyendo los puentes necesarios, los cuales han inducido a varios pensamientos e ideas, que seguidamente expresare.

Al fallecer Ceferino, es el fin de una etapa y el inicio del otoño. Manuel entiende que termina su tiempo.

Desde ese momento, hasta el día de hoy, se han sucedido enorme cantidad de abusos y de ruptura de compromisos, reconocimientos y leyes dictadas. Lo que llevo a habilitar la venta fraudulenta de los territorios asignados entre otras cosas. Además de toda ignorancia aprovechada por los que, si sabían de los tratos y omisión de los que ignoraban, la mayoría descendientes de inmigrantes posteriores a las guerras mundiales que poco conocían de las historias recientes en Argentina, y que por sus inclinaciones políticas arrastradas desde Europa trasladaron sus problemáticas a territorios donde las realidades eran diferentes.

Podríamos ahondar mucho sobre este tema, ojalá Dios quiera que en algún momento nos dé el tiempo para poder hablarlas, e intercambiar ideas y opiniones. Por otra parte, sabemos las consecuencias en los Pueblos Originarios que ha dado toda esta etapa.

En lo personal, siguiendo el legado y compromiso de mi linaje familiar, con suma felicidad, alegría, pidiendo constantemente inspiración y Luz. Preocupado por la situación de la vida toda, en la que es parte el ser humano. Con un grupo no pequeño de hermanos, hemos buscado nuevos caminos y puentes, basado en la Paz y la armonía.

Y una de las cosas que hemos encontrado y nos centramos, es en un concepto, la “Democratización de Pueblos Originarios” mejor dicho seria, la participación de los Pueblos Originarios desde un punto de vista democrático, en las cámaras de diputados, senadores, etc., donde creemos que podemos modificar caminos equivocados, en Paz y consenso de todas las partes. Para ello a lo largo de estos últimos 30 años, hemos trabajado de diferentes maneras, estratégicamente para que se efectivice el convenio 169 de la OIT. Llegamos acompañados de hermanos no originarios sensibles y con el entendimiento de la situación, no solo a participar de la reforma constitucional de los 90, la creación de varias instituciones, sino también la ratificación del convenio por parte del gobierno argentino. Pero ahí se ha detenido una gran parte de lo que debe ser, por intereses que me gustaría en algún momento poder hablarlos personalmente con Usted. Por las posibilidades y la proyección que permite el convenio, no solamente a los pueblos Originarios, sino a la sociedad en general.

 Por otra parte, hemos creado un movimiento Social Intercultural llamado “Pueblos de la Madre Tierra” con fines de participación de las diferentes sociedades Originarias y no originarias, desde un punto de vista político para acceder a las cámaras de diputados y senadores. Todo esto se apoya, y supongo que usted ya debe saber, de nuestro volumen poblacional cantidades y porcentajes que tenemos los Pueblos Originarios hoy, en la República Argentina. Lo cual nos permitiría acceder a las cámaras, y empezar un nuevo camino con significancia y ejemplo planetario.

Para ello necesitamos su apoyo puntual en diferentes áreas y gestión. Por lo cual me pongo a disposición para analizar detalles estratégicos y aparentemente subyacentes, en persona, con usted querido Francisco o con quien considere y designe para tal fin.

Sin más que agregar y a la velocidad del cóndor con la que se expresa esta, por ser solo una carta, sabiendo que he omitido muchísimos detalles, espero haber tenido buena expresión. No es fácil resumir tanto tiempo en tan pocas palabras.

Quiero que sepa que siempre está presente en mis agradecimientos diarios a Nguenechen, Dios, nuestro Gran padre, por cada día vivido y toda bondad recibida. Siempre haciendo Puentes de Paz, para la Hermandad y el Amor Incondicional.

Bajo la Gracia de nuestro Señor, la intermediación de nuestro amado Pequeño Zafiro, con alegría, sonrisas, esperanza, y el rostro hacia el sol, me despido sabiendo que siempre es un “hasta luego”.

Cariños.

Tu hermano

Juan Namuncura

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