No se explica de otra manera la insistencia en producir cambios en la Suprema Corte. Busca desactivar su funcionamiento mediante el método del Menem de los ’90: desbaratar mediante el «anegamiento» la mayoría de tres que hoy integran Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda, y sumar dos jueces que hagan masa con Ricardo Lorenzetti.
El giro de Macri en sus relaciones con el gobierno fue inesperado. Así como Lousteau aprovechó la oportunidad para quedarse como auditor del espionaje oficial, Macri también acertó en aprovechar la oportunidad de que los fondos negros del espionaje es un asunto que no está en la agenda de los votantes de su partido y que puede agitar como una bandera de transparencia. Le ha sido difícil hasta ahora no apoyar al oficialismo en la agenda económica. Buscaba un asunto que le permitiera clavar bandera opositora, que tuviera sentido republicano y que fuera lo suficientemente antipático para su electorado. Se cuidó de blindar la movida con un contacto directo con Elisa Carrió, que tramitó Fernando de Andreis. Macri dio en esto un salto con red. Le cayó del cielo este bombón que le permitió ordenar en las 24 horas previas a la sesión de Diputados que sus legisladores dieran quórum a la sesión y que alimentasen el número para rechazar el DNU. El giro lo decidió apenas se enteró de la elección de Lousteau en la Bicameral de los espías. Desde el lunes el gobierno presionaba a los bloques y a los gobernadores amigos: que no bajaran a la sesión del miércoles para derogar el DNU de la SIDE, promovida con éxito por el bloque de Miguel Pichetto. El radical Rodrigo de Loredo decía desde Estados Unidos que no era oportuno votar con los K. Karina Banfi, vicepresidenta del bloque, rechazó ese criterio con la idea de que el DNU es inconstitucional y contraría las leyes de acceso a la información, de inteligencia y de administración financiera. Ya había juntado 16 votos del bloque radical para rechazar el DNU. De Loredo se enteró en la noche del martes de que el miércoles Macri iba a tratar con la mesa del PRO el tema del DNU, como una respuesta a la elección de Lousteau en la Bicameral. De Loredo dio un nuevo giro y habilitó la concurrencia a la sesión, en la que 22 radicales votaron en contra y 8 a favor del gobierno. En el radicalismo se dan cuenta de que la política del gobierno es dividir a la dirigencia de su electorado para quebrar su representación en las próximas elecciones. Cuando empezó la sesión entraron 133 legisladores, y el quorum lo dieron 5 diputados del PRO.
(De la columna «Milei – Macri al choque en CABA», Entretelas de la política, en Clarín del domingo, https://www.clarin.com/economia/milei-macri-choque-caba_0_mW7AdKZCaY.html)