Ya que nos encontramos con Massa, cabe pensar que trabaja discretamente para ensayar la posibilidad de un bloque no kirchnerista que recree la división del peronismo entre 2015 y 2019 (dos bloques en el Senado y tres en Diputados). Se afincará en la coyuntura de dirigentes que se quejan de que, si se mantienen en un PJ comandado por Cristina, están arrancando con un “-10” para cualquier iniciativa.
Massa se entiende más que bien con Santilli, aunque estén hoy en polos diferentes. Ocurre que Santilli puede ser un candidato competitivo a gobernador de Buenos Aires en 2027 solo si captura a un sector del peronismo de la provincia. Se trata de aprovechar la oportunidad de quienes quieren tomar distancia del kirchnerismo y de Máximo.
Esos dirigentes pueden ser tentados por Massa a apartarse del paraguas ortodoxo, pero pueden seguir de largo y aceptar la tentación de alimentar la chance de Santilli. Ya hay movimientos de alta tunelería entre los punteros de Massa y los del «Colo» para hacer pruebas de resistencia de esa iniciativa.
La unidad del peronismo amenazada
La intención de Santilli es una de las amenazas del peronismo, que hasta ahora ha mantenido su unidad y tuvo en estas elecciones de 2025 un resultado airoso. Sin embargo, con la actual conducción, el peronismo ha alcanzado la menor expresión de su historia. El 26 de octubre solo 4 gobernadores peronistas pudieron ganar las nacionales en su provincia.
Uno de ellos, Raúl Jalil (Catamarca), es el único que llevó la marca Fuerza Patria, nacida en San José 1111; también es quien está a la cabeza de quienes quieren negociar con el gobierno de Milei. Fue el primer gobernador a quien Santilli recibió, aun antes de jurar como ministro.
El peronismo ha recreado su cúpula, que sigue teniendo a Cristina en la formalidad del PJ Nacional y en Buenos Aires a Máximo. El PJ ha montado una peña de sesión continua en la sede de la calle Matheu para preparar una andanada de proyectos que contrarresten el envión proselitista del gobierno, que reflotó la bandera de la reforma laboral y la reforma fiscal como proyectos para disuadir hacia dentro, y detectar rechazos o apoyos hacia afuera.
Lo que contienen esas reformas, al gobierno no le importa mucho. Esos proyectos están en todos los discursos desde el 26 de octubre, pero cierra el año legislativo y la reforma fiscal no tiene aún borrador, y la reforma laboral ha mudado de marca para llamarse «modernización». Promete además diseñar un sistema que regirá para los empleos de aquí hacia adelante, con lo cual pacifica las relaciones con el peronismo y los gremios, mediante la promesa de que no tocarán la ultraactividad de los convenios o el aporte solidario obligatorio. Tampoco les tocan los fondos para las obras sociales, lo que ha sido debatido en las últimas semanas.
(De la columna «Gobierno y oposición, todos juegan ya el 2027», Entretelas de la política, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/gobierno-oposicion-juegan-2027_0_uchbhPb32m.html#activateComments)
