Kicillof junto a Héctor Daer hizo un raid por el Chaco en donde lo recibió el PJ que conduce Jorge Capitanich. El gobernador de Buenos Aires busca juntar fuerzas para ir a una negociación con el cristinismo de su provincia, al cual está condenado. Sus diferencias con el cristinismo de San José 1111 son personales; por lo demás coinciden en origen, destino, métodos, ideología y discurso.
Tiene que superar esas rencillas por posiciones de nicho. Tiene el capital Está aislado de los bloques del Congreso Nacional, tiene dificultades con la legislatura provincial, tampoco tiene referentes en otros polos como el Consejo de la Magistratura o la liga informal de gobernadores que es, en el fondo, el peronismo. Confronta con el gobierno nacional desde lo ideológico, pero no desciende a consignas concretas.
No huele a peronista, es ajeno a los usos y costumbres del PJ. El peso del distrito que gobierna lo carga, encima, de problemas de difícil solución – pobreza extrema, inseguridad, etc. Le cuesta construir una base sobre la cual armar una coalición nacional. Tampoco es un carismático ni tiene un surtido de consignas que simplifiquen propuestas electorales.
Cuando discute critica modelos y realza alternativas que no descienden a propuestas para mejorar los ingresos o proponer obras de infraestructura que fascinen. Su discurso tiene un peso ideológico, sin el atractivo de ideas como las de otras elecciones – aunque fueran fantasiosas – por ejemplo, la dolarización que proponía Milei, el salariazo de Menem o antes, la prédica republicana de Alfonsín.
(De la columna «La PASO en el ojo ajeno y no la viga en el propio», ENTRETELAS DE LA POLÍTICA, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/paso-ojo-ajeno-viga-propio_0_45CnFndWjx.html)
