Nicolás Massot agregó que el gobierno, antes que gestionar busca dañar el sistema. Es cierto, el gobierno está integrado por políticos a quienes no les gusta ni el país en el cual viven ni el tiempo que les tocó vivir.
Por eso buscan desarmarlo para dejarlo en la dimensión que se sienten capaces de administrar. Les cabe la crítica que hacía el pensador estadounidense H.L. Mencken a los conservadores de su país por “el temor obsesivo de que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz».
Opinó hasta la inteligencia artificial
El planteo de una reforma laboral como pretexto para aportarle a la narrativa oficial un éxito político que convenza a los calificadores de la gestión de Milei de que su mandato tiene sustento, explica que casi no haya habido debate abierto a la iniciativa. El Senado no conoció el texto del proyecto hasta que se inició la sesión.
En Diputados se buscó una aprobación exprés que rozó lo cómico y que salió por la eficacia de Silvana Giudici como titiritera que maneja las sesiones por señas a Martín Menem, siempre en emergencia emocional. El Senado convocó para el viernes una comisión para tratar el proyecto antes de que el jueves fuera aprobado por Diputados.
El gobierno confió en que el proyecto se aprobaría aun con el recorte de los cambios que justificaban su presentación. Lo que no podía tolerar es que no tuviese quórum para arrancar la sesión. Cuando llegó la hora, había logrado que el grupo Operación Jaja de aliados del peronismo (llamado con ese acrónimo a partir de los apellidos de dos gobernadores: Jaldo y Jalil) aportara el número para comenzar la sesión. Se logró con 129, el número mínimo.
Desde esa hora siguió la negociación con los aliados de ese peronismo del Norte que tiene tarifado el apoyo. Mediada la sesión el objetivo de negociación era que esos aliados no votaran en contra del proyecto, como lo habían hecho en el Senado, donde el interbloque peronista cerró 30 votos, 28 propios y 2 silvestres. Los términos del debate eran beneficios para las provincias respectivas.
Las negociaciones provinciales esgrimían argumentos insólitos. Dos de los legisladores del ala colaboracionista del peronismo acercaron a los diputados resultados de consultas que hicieron a plataformas de inteligencia artificial. El resultado de esas consultas decía que el proyecto no iba a aportar ninguna solución a la creación de empleo en la Argentina y que el esfuerzo era políticamente neutro. No revelaremos el nombre de esos dos legisladores para proteger la fuente, pero ese resultado llegó a este cronista.
El peronismo sin voceros en Diputados
Este es un gobierno de ocurrencia, no de proyectos. Lanzó esta reforma de manera inopinada para halagar al voto del no pejotista que se identifica con el anti-peronismo, que está convencido de que los males de la Argentina vienen del dominio peronista sobre el sistema laboral.
En Diputados funcionó porque echó sal sobre la misma herida que silenció al peronismo del Senado, que no pudo firmar un dictamen de minoría. El bloque de Unión por la Patria tampoco pudo en Diputados encontrar un miembro informante peronista. La voz cantante del dictamen de minoría de la cámara baja la llevó el diputado sindicalista Sergio Palazzo, que actúa en el espectro de esa coalición, pero no es peronista.
Viene del radicalismo de Mendoza, donde desarrolló su tarea sindical en el gremio bancario y creó el sello Causa Renovadora Bancaria, una fracción de la UCR.
Hizo una crítica del proyecto oficial en la comisión del miércoles y en el recinto el jueves con una solidez que no se les escuchó a otros peronistas del bloque. Muchos de ellos dedicaron su intervención a castigar a peronistas “traidores” que vendían el voto al gobierno. Un argumento inoportuno porque la unidad deberían haberla construido antes y entre cuatro paredes.
Como bloque sin manija
La jefatura de Germán Martínez está desdibujada desde que ingresó a la cámara Agustín Rossi, su jefe político en Santa Fe. El primer producto de esa crisis es la división del bloque la semana anterior, cuando votó dividido en la aprobación del acuerdo Mercosur-UE.
La mayoría del bloque de UP votó a favor, expresando los intereses del interior que entiende que ese entendimiento, cuando se ponga en marcha, beneficiará a los corredores productivos ligados a la producción agroindustrial. Martínez debió plegarse a esa aprobación, que juntó 46 votos contra 38 del No.
El rechazo se inspira en la campaña contra el acuerdo que lideró Axel Kicillof. Esta posición, identificada por el cristinismo del peronismo del AMBA, ve al acuerdo como un atentado al perfil industrial del país. Su mentor es Carlos Bianco, hoy ministro de Gobierno de Buenos Aires. “Carli” – así llaman con cariño a Bianco los amigos- acuñó la posición anti-Mercosur-UE entre 2011 y 2015, cuando se desempeñó en cargos de la cancillería de Héctor Timerman.
Ocupó las carteras de Desarrollo de Inversiones y Promoción Comercial y de Negociaciones Económicas Internacionales. Es un conocedor de los vericuetos de la negociación y ha tomado partido contra la aprobación. Kicillof sigue este criterio y su posición produce un desacuerdo en el interbloque de UP en el Senado, que votará en forma dividida en la sesión del 26 o 27 de febrero.
(De la columna «Acercan posiciones en el Senado en comisiones estratégicas», ENTRETELAS DE LA POLÍRICA, en Clarín del domingo – https://www.clarin.com/economia/acercan-posiciones-senado-comisiones-estrategicas_0_yJ22ZA99gM.html)