LA BIODIVERSIDAD POLÍTICA EN LOS CUMPLEAÑOS RAFFO (APORTE AL DEBATE)

UN GRUPO DE EXPERTOS EN CIENCIAS SOCIALES EMITIERON EN LAS ÚLTIMAS HORAS UN DOCUMENTO SOBRE LA BIODIVERSIDAD POLÍTICA REGISTRADA EN LA NOCHE DEL VIERNES PASADO EN EL LOCAL DE LES ANCIENS COMBATTANTS PARA ANALIZAR EL CUMPLEAÑOS DEL DIPUTADO NACIONAL JULIO RAFFO. LOS RESPONSABLES DE ESE PRONUNCIAMIENTO SON MARCELO LANGIERI Y JULIO Y LUCAS RUBINICH. ESA CELEBRACIÓN FUE OBJETO DE UNA CRÓNICA EN ESTE SITIO Y POR ESO DAMOS EL TEXTO COMPLETO DE ESE TEXTO. QUEDA ABIERTO A LA POLÉMICA

Dos hipótesis sobre el campo político argentino a partir de una fiesta de cumpleaños

Los rituales en todas las sociedades, aunque se trate de rituales familiares, de grupos pequeños unidos por identidades profesionales o culturales, dicen mucho de ese grupo en particular y también, si se los lee bien, es posible arriesgarse a decir algo de la relación de ese grupo con el resto de la sociedad.

El ritual a analizar en este caso es la fiesta de cumpleaños de un actor del campo político argentino que invitó a esta fiesta a no más de 50 personas entre los que se encontraban algunos familiares y personas cercanas, el resto, amigos con distintas relaciones con el campo político: diputados, asesores, funcionarios y ex militantes. Entre esas personas, y para reforzar el concepto, específicamente entre el anfitrión y alguno de los invitados, había una importante distancia dentro del arco de agrupaciones políticas con representación parlamentaria y una franja heterogénea en el medio. Además, había también otros actores, que de un modo u otro en el presente integran el campo político, como los periodistas, que eran dos en esta ocasión y los sociólogos que intervienen de manera diferente produciendo definiciones sobre el mundo en general y el mundo de la política en particular. Lo relevante de esta reunión era su marcada heterogeneidad en cuanto a identidades políticas y un clima de camaradería entre esas heterogeneidades que, en principio, llama la atención.

El anfitrión, Julio Raffo, recibía a cada uno de los que llegaba con la misma atención a la vieja casona italiana de fines del siglo XIX donde funciona desde los años cuarenta la Asociación de ex combatientes franceses (Les Anciens Combattants), y un restaurante de comida francesa. Julio hacía una visita guiada por los salones del lugar a las personas que iban llegando: la bandera napoleónica que había sido apropiada por los alemanes y que fue rescatada luego de la liberación, el retrato del General De Gaulle, por supuesto las placas de homenaje a los ex combatientes y a los caídos… Mientras contaba la historia del lugar, recordaba con alguno de sus invitados experiencias de encuentros recientes: la proyección de una película en el centro cultural Rodolfo Walsh, una cena cercana en la que se comió tal o cual cosa. En los días anteriores al encuentro el anfitrión había hecho circular un artículo de su autoría escrito en Perfil días antes de la elección del 2009. Allí irónicamente 2 interpelaba a quienes se preocupaban por un triunfo de la derecha y mencionaba una serie de cuestiones estructurales que no habían sido modificadas por el oficialismo de ese momento Estas menciones eran también una caracterización del pensamiento político del anfitrión. El papel del Estado, la necesidad de un impuesto a la minería y a la renta financiera, el papel del estado en transportes como el ferrocarril, la reivindicación de luchadores como Rodolfo Walsh, seguramente lo colocan en las antípodas Juan Miguel Biset, director de asuntos legales del Ministerio de Energía y Minería y especial consejero del presidente Macri en relación a distintas medidas.

Uno de los periodistas presentes, Ignacio Zuleta, ex jefe de redacción de Ámbito Financiero, ex director del diario La Mañana del Sur (Neuquén) y titular del blog “Zuleta sin quincho”, cuando vio llegar a Fabián Rodríguez Simón “Pepín” dijo divertido: -llegó el jefe de Mauricio. El comentario risueño era una forma de señalar como se completaba el cuadro. Rodríguez Simón no cultiva la exposición pública y su llegada tarde facilitó un segundo plano geográfico que sin embargo pasó a ser un foco especial de las miradas. No obstante, las distancias existentes en cuanto a posicionamientos políticos, el trato cotidiano entre el anfitrión y quienes todos llaman Pepín era de clara fraternidad. Él y su compañera se comportaban como personas cercanas más allá de los círculos profesionales.

Cumpleaños Julio Raffo 16abr16

Muchas de las personas ya se conocían entre sí, pero el tipo de trato propuesto por el anfitrión, parecía hacer todavía más relajada la reunión. En un momento en la mitad de la cena Julio Raffo, desde una de las puntas de las mesas que estaban dispuestas en U, se acercó a quien estaba en uno de los extremos y comenzó a hacer una presentación personal mientras tomaba de los hombros al invitado. Y así recorrerá a cada uno. Él es Luis Lozano, dirá Julio Raffo, y mencionará algunas de las idas y vueltas de la vida en que se fueron encontrando. Es el presidente del Superior Tribunal de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Ellos son Alejandro Goldsak y Fernando Lauría y contará cuestiones que tienen que ver con la relación personal y luego mencionará que son directores del Ente de control de los públicos de La Ciudad. Alguien nos dice que ambos están en el PRO y que el primero trabaja con el sector de Patricia Bullrich y el nombrado en segundo término es del Partido Demócrata. Y así seguirá con cada uno presentándolos fundamentalmente en 3 función de una relación construida en el espacio que sea, pero atendiendo a las cuestiones más personales. Se detendrá para decir algo de Eugenia Swarman, del directorio del Teatro Colón, de Juan Miguel Biset, de Rodríguez Simón, “Pepín”, quien está sentado en uno de los laterales de la mesa en “U”. La pérdida de centralidad geográfica también podría interpretarse como un correlato de la situación política que Julio anunció en la presentación cuando manifestó su voluntad de ingresar al interbloque UNA Federal que lidera Sergio Massa. Continuó con las presentaciones, ya en la cabecera de la mesa, en un extremo estaba Javier Gentilini, diputado por el frente renovador en la CABA, luego Fernando Sánchez, diputado nacional perteneciente a la Coalición Cívica, hombre de sonrisa permanente, gestualidad que posiblemente se justifique más por la situación de los gobernantes que la de los gobernados. Después pasó al plato fuerte de la noche: en el centro de la mesa estaban Sebastián y Malena Galmarini, quienes representaban a Sergio Massa y parecían muy cómodos y complacidos por el lugar que ocupaban. En un aparte Sebastián Galmarini confesó a un interlocutor que en “Provincia” una reunión así no era posible, que si se hacía lo más probable era que terminara a los tiros. Posiblemente los tiros sean una metáfora, de una realidad que no es tan fácil de hacer sonar, cuyo sentido sea el señalamiento de que las características de la reunión sean difíciles de repetir.

Pero volviendo a la mesa, Además del propio Julio y de Anahí Cordero, su compañera y consejera, completaba el dispositivo en el otro borde de la cabecera el “Pelado Tumini” de Libres del Sur. Una mesa llena de metáforas.

 Distribuidos y mezclados en los brazos de la U se ubicaba el resto de los políticos, asesores, familiares y amigos. Allí estaban María Rosa Negri, presidente de la Obra social de SUTECBA, Santiago Farrel, periodista de Perfil, Gustavo Carrizo, secretario parlamentario del diputado Gentilini, Juan Biset, empresario naviero, Juan Miguel Biset, director de asuntos legales del Ministerio de Energía y Minería, Susana Biset de “Biset recursos humanos”, Diego Luna, secretario de la Defensoría en el Poder Judicial de la CABA, Marta Herrera, ex camarista en la Justicia Federal, Alberto Cordero, ex intendente por la UCR de Guaminí y cuñado de Julio, el periodista Ignacio Zuleta, Marcelo Langieri, sociólogo y amigo personal de Julio y Lucas Rubinich también sociólogo.

En cada uno de los casos el anfitrión relató anécdotas que básicamente tenían que ver con aspectos de una relación personal. Cuando lo presentó a Juan Focaraccio, por ejemplo, dijo que era un amigo de la vida. Juan Focaraccio compra y vende autos usados y es propietario de un garaje, y él mismo luego relató a los comensales más cercanos que el inicio de su amistad fue la venta de un muy viejo auto usado a Julio cuando recién había regresado del exilio. En otros casos recordó los años del exilio en Brasil y la cercanía reforzada por los hijos de edades similares.

En determinado momento una mujer joven con una guitarra al hombro, con un tipo de trato con los comensales y el anfitrión, que está lejos de parecer la artista contratada y que recuerda a la chica de la familia que canta, comenzó a cantar canciones folklóricas.

Comenzó cantando “Cambia, todo cambia” de Mercedes Sosa para gran entusiasmo de los concurrentes. El estribillo que dice que lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana fue escuchado con cierta atención. A pedido de los invitados cantó un par de tangos y luego boleros que fueron acompañados por los más entusiastas. Era decididamente una escena de fiesta familiar en el que se invita a alguien que está, a hacer algo que hace muy bien, que en este caso es cantar y tocar la guitarra. Alguien comenta, para reforzar la variedad de las identidades políticas, que la chica amable y graciosa que cantó con voz dulce, es la sobrina de Leandro Despouy, dirigente radical, exiliado en Francia durante la dictadura, quien se desempeñó hasta hace poco como presidente de la Auditoría General de la Nación.

El tono de la reunión lo marcaba decididamente el anfitrión y ese tono reforzaba el carácter más que corriente de un ritual en el que el festejado junta a personas cercanas en su afecto para pasar un buen rato. Claro que la particularidad de la reunión estaba dada porque los convocados son en su mayoría personas con intereses políticos y con papeles socioculturales que les permiten actuar con influencia en consecuencia con esos intereses. Y, como ya se mencionó, y las identidades lo corroboran, algunos de esos intereses pueden ser decididamente contrapuestos. Se puede afirmar que en esta reunión había personas significativas del campo político, entendiendo por esto, personas que participan, en distintos papeles de lo que se podría denominar la profesión política.

Si no existiese este elemento el ritual podría permitir decir algo sobre un sector social de clases medias o medias altas, sobre sus maneras de comportarse y de qué manera expresan una visión de un sector particular y referirse al carisma del homenajeado y ver como ese carisma le posibilita extender su grupo primario en épocas de debilidad de esos grupos. Pero, como este sector particular es relevante para la vida pública, merece preguntas, que no necesariamente serán contestadas, sobre el significado de esa heterogeneidad política. Si es corriente este tipo de reuniones, si no lo es, como señalaba Galmarini, si expresa algo que vaya más allá del carisma personal de quien convocaba.

Interesa entonces analizar cómo, más allá del sentido político contenido en este acontecimiento, manifestado expresamente por Julio Raffo en su saludo inicial a los invitados, cómo resulta posible llevar adelante exitosamente una situación social y política que combina ambos campos. Más allá de características particulares de Raffo esta realización es posible también por la existencia de condiciones sociales y políticas existentes en la sociedad argentina. Hay por un lado más sociabilidad que la reconocida por los dispositivos culturales hegemónicos y por otro el campo político, en un sentido no estricto, aparece como más fuerte del reconocido. La labilidad de los bordes en los espacios políticos, que encuentran permanentes movimientos, son más una prueba de la debilidad de las fuerzas políticas que del campo mismo. Hay a la vez que fragilidad extrema en las viejas identidades partidarias, mayor posibilidad entonces de circulación por los distintos espacios que no tienen capacidad de retención de sus miembros. Y entonces se produce de hecho una consolidación del grupo de los especialistas en la política percibidos en tanto tales -y se ven de esa manera a sí mismos-, más que como abanderados de distintas posiciones en el campo.

Esta situación también habla de la reorganización de las fuerzas políticas y del propio campo de la política ya que se consolida el grupo con su identidad de profesionales de la política, pero también se generan, como parte del juego, apuestas por la construcción de nuevas posiciones dentro de ese campo. La construcción de esas posiciones supone diferenciarse de viejas identidades, procesarlas de manera particular en función del presente, pero además encontrar maneras de interpelar y de relacionarse con franjas potenciales de la población que son los representados.

En este transcurrir y frente a la situación de fragmentación sociocultural en donde la lucha por derechos de distintos grupos, abre un abanico heterogéneo, la construcción de nuevas posiciones dentro del campo político, se enfrenta en ese aspecto, a situaciones complejas, relativas a la priorización de algunos grupos y a la búsqueda de consignas englobadoras. Porque en distintos sistemas políticos y también en el argentino, ante las necesidades insatisfechas de la sociedad necesariamente surge la pregunta ¿a quién representan los representantes?

El evento en análisis es una muestra de la existencia de un campo de la política heterogéneo, o, si se quiere, fragmentado, pero concreto, en cuanto a la existencia de un conjunto compuesto por políticos profesionales en la búsqueda centralmente de un proyecto de gobierno. Por ello es posible que una “excusa” sea un vehículo apto para producir un hecho político hábilmente ejecutado.

II

Esta situación en la que se introducen elementos que parecen ser indicadores de confianza en cuestiones básicas, más allá de identidades distintas, se produce en el marco de un campo político, en el sentido del sociólogo Pierre Bourdieu, que ha tenido una historia reciente de agujeros en su necesaria autonomía para existir como tal, ya que no todos quienes lo conformaban aceptaban las reglas del juego común. O, para decirlo más claramente, en el campo político argentino desde los años cincuenta para acá hubo unos treinta primeros años de conspiraciones que posibilitaban romper el sistema. La práctica dirigida a quebrar el sistema era una práctica más o menos corriente. Los partidos tradicionales de distinta manera y con diferente intensidad generaban alianzas con sectores militares y de algún modo u otro contribuían por acción u omisión al golpe de estado En un caso porque se le negaba al contendiente legitimidad por ausencia de cultura democrática y en el otro, porque la democracia se realizaba con la exclusión de una de las dos fuerzas mayoritarias.

Es en ese contexto que a fines de los años sesenta aparecían fuerzas insurgentes que descalificaban el sistema político en su conjunto en tanto (y no había que hacer mucho esfuerzo para corroborarlo) la distancia entre el dicho y el hecho era a la vista de cualquiera, evidente. Desde la apertura democrática hasta el presente ha habido 7 una relativa continuidad, con dos desacomodamientos significativos que supusieron quebrar las reglas del juego; la salida anticipada de Alfonsín y el caso más reciente de De la Rúa. Las desconfianzas ante otros que pueden quebrar las reglas del juego generaba fundadas desconfianzas ente diferentes grupos que participaron directa o solapadamente de acciones de desestabilización del sistema político para obtener ventajas.

¿Es posible decir algo de esto a partir de una reunión como la relatada? Si, como se ha mencionado, lo ocurrido en este caso es que se han fundido en el ritual de una cena de cumpleaños, el espacio de coloquialidad profesional, que puede incluir adversarios fuertes, con el espacio de coloquialidad de muy cercanos en términos de identidad política, entre los que fluye más “naturalmente” la cuestión afectiva, hay elementos para pensar.

 III

Lo que se intentó fundamentar con la descripción de las personas que expresaban distintas posiciones dentro del campo, es que en esa situación, por la mera asistencia de esa heterogeneidad, sin objetivos puntuales que fueran más allá que mantener buenas relaciones (ya que no había otro tipo de retribución que podría generar esa asistencia), dice algo, o permite arriesgar algo, sobre la posibilidad de una nueva conformación del campo político Por supuesto lo anterior no inhibe que esas buenas relaciones posibiliten hacer circular y aprobar un proyecto o imaginar algún tipo de alianza posible en función de un tema común en algún momento. Eso está implícito. La buena relación personal como una ventaja “natural” para resolver algunos problemas específicos de la política.

Pero lo que se percibía aquí era un tipo de identidad grupal, una confianza en la heterogeneidad marcada por lo que, al decir del sociólogo Pierre Bourdieu, es “un acuerdo que hace posible el desacuerdo”. Esto supone ni más ni menos, que las condiciones indispensables para un campo político consolidado. El acuerdo que hace posible el desacuerdo implica un nosotros político, el reconocimiento de una especificidad, si se quiere un saber, un capital compartido, casi como una profesión.

Efectivamente esto supone la separación entre los sabios, o mejor, los especialistas, y los profanos. Desde ya que es una separación relativa en tanto en este campo, a 8 diferencia del arte experimental, los profanos importan, en tanto, los especialistas, son elegidos por estos e idealmente deberían rendir cuentas. Pero cuando se logra el tipo de convivencia que se expresa en esta experiencia puntual es que hay un espacio, el de los políticos, con sus distintas identidades que han consolidado un mundo con relativa autonomía y que, al aceptar las reglas del juego, se acepta al otro como un igual en tanto el reconocimiento del acuerdo que hace posible el desacuerdo.

En cualquier lugar esto adquiere el mismo sentido, pero en un país donde las reglas del juego incluían como constitutivo la posibilidad de quebrar las reglas del juego, esta situación puntual debe ser atendida como especialmente significativa.

En función de estas afirmaciones es posible sostener dos hipótesis, a manera de herramienta de debate:

  1. Que en un campo fuertemente inestable como el campo político argentino donde el quiebre de las reglas del juego era constitutivo de ese juego, el tipo de experiencia como la que se menciona, de incorporación de la heterogeneidad a rituales de vida no pública donde el eje son los lazos de amistad y familiares, dice algo sobre cómo se arma un espacio común entre heterogéneos. Y ese fluir de las relaciones sociales, en el caso particular de este grupo, permite suponer que está habilitado por condiciones que van más allá de un caso particular generado, por causas singulares. Quizás se pueda inferir que ese tipo de encuentros, están expresando un proceso de consolidación y refuerzo de la autonomía relativa del campo político que a la vez puede (aunque no necesariamente) ser un elemento de fortalecimiento del conjunto del sistema político.
  2. A la vez, si hay elementos que permiten dar cuenta de un proceso de estas características, no está demás atender a uno de los problemas relevantes que vienen asociados a este tipo de situación. El fortalecimiento del campo de la política, entendido como el de los dedicados a la práctica política en tiempo completo, en un contexto de fragmentación social y de fuerte participación política de los medios de comunicación, genera condiciones para que el crecimiento de esa relativa autonomía, genere dificultades tales como el debilitamiento en los lazos concretos entre representantes y representados. Como sostiene el sociólogo Pierre Bourdieu, 9 cuanto más se autonomiza “un espacio político, más avanza según su lógica propia, más tiende a funcionar conforme a los intereses inherentes al campo, más se acrecienta la ruptura con los profanos.” Y esto es, sin lugar a dudas, un problema.

Buenos Aires, 19 de abril de 2016

R&L investigación Etnográfica

r.l.etnografia@gmail.com