Las elecciones, como los cementerios, son una oportunidad para igualar diferencias. El outsider Quintela, un Milei del peronismo, no le atendió durante varios días el teléfono a Cristina de Kirchner. Disruptivo, ignoró todos los intermediarios que intentaron abrir el diálogo. Si le respondo, argumentaría, no sabría qué decirle, porque no admito ningún plan que no incluya a Axel.
Esa actitud es vicaria de una interpretación abierta de los protagonismos. Supone que Kicillof se resiste una alianza con Cristina porque ella le restaría crédito al supuesto proyecto presidencial del gobernador.
Una cadena se suposiciones colgada de otros tantos preconceptos. Cristina y Axel se necesitan en cualquier escenario y todos juegan con la necesidad de unidad que tiene el peronismo para conservar su competitividad electoral. No resiste Axel un round en una confrontación con Cristina. No resiste ésta un round si lo presiona a Axel en nombre de dirigentes de menor cuantía como Máximo.
Los intermediarios ofrecen que Quintela sea vicepresidente del PJ con Cristina arriba. Él dice que sin Axel no mueve piezas.
(De la columna «La emboscada que enloqueció al Gobierno», Entretelas de la política, en Clarín de hoy,https://www.clarin.com/economia/emboscada-enloquecio-gobierno_0_fLLwVAmhja.html)