Lo hicieron todos los gobiernos, con la ilusión de que con eso transformarían el país sin enfrentar rutinas tóxicas. Por ejemplo, males endémicos como el endeudamiento serial, la fabricación de inflación como lubricante de la subsistencia de los gobiernos, el clientelismo y la protección de sectores que han vivido de las zonas amparadas por regímenes de desvío de comercio.
Ejemplo de eso son las zonas francas de las provincias y proyectos que ilusionan con los RIGI de la Ley de Bases o el RINI del proyecto de reforma laboral. Esta granada racimo, que es el proyecto de «modernización», abre conflictos cuando se esperaba que el Gobierno buscase el consenso para el proyecto de empezar a gestionar más allá de los indicadores contables, y asegurar un camino llano hacia la reelección.
La trampa de las leyes de poca monta
La calidad política del método explica el apuro del Gobierno por ocupar la agenda de las extraordinarias con este proyecto, que promete camorras y grescas más que aprobaciones pacíficas. Les conviene el jaleo y que salga lo que salga. El proyecto es el más agresivo ante la oposición peronista y, aun saliendo, tendrá una cantidad de votos muy cercana al número del quórum de las dos cámaras.
Los gobiernos débiles creen que sacar leyes en Diputados por poco más de los 129 votos del quórum o los 37 del número del Senado les sirve para algo. Las leyes estructurales -y la de trabajo lo es- deberían sancionarse con una amplia cantidad de apoyos como para que duren algo más que un mandato presidencial.
Aprobar algo sobre el filo del quórum es pan para hoy y hambre para mañana. A eso se dedicó el gobierno Milei en los dos primeros años de gestión. Por eso mantiene índices de desconfianza del público que no se explican, si fuera cierto que este es el mejor gobierno del mundo.
El público .votantes, inversores, organismos- sabe que las leyes sancionadas sobre el filo del quórum no resisten el tiempo. Caen con el primer cambio de gobierno. Esta debilidad también alimenta los errores en la Justicia, que al final empantana la aplicación de las leyes de los gobiernos débiles.
Macri ya se rindió
Este primer armado imaginario -como todos los proyectos políticos- se complementa desalentando a sectores de opinión que puedan generen candidatos presidenciales que le lleguen a sacar votos al Milei reeleccionista. La historia política de Macri demuestra que la marca partidaria nunca le ha importado, ni tampoco quiere ser otra vez candidato a presidente ni a nada en 2027.
En su trayectoria las marcas partidarias han sido instrumentos de descarte, como también las alianzas. En 2003 compitió como jefe de Gobierno con la boleta del Partido Justicialista. En 2013 sus candidatos en la provincia de Buenos Aires se sumaron a la lista de Sergio Massa, lo que le hizo perder al PRO la personería partidaria, que recuperó en 2015.
El estallido de Juntos por el Cambio de 2023 se produjo cuando Macri impulsó al actual presidente, afirmando que representaba mejor que nadie sus ideas. Esto provocó la fractura con los radicales y con Carrió, disipando el voto e impidiendo a Patricia Bullrich entrar al balotaje.
La abstención del 46% en las elecciones de mayo en la Ciudad de Buenos Aires fue la expresión de ese electorado de Cambiemos que se sintió traicionado y que hoy está vacante. Este es el voto que el «Grito Federal» de los gobernadores intenta atraer.
(De la columna «Súper lunes en el Congreso, el Gobierno polariza como los K y ¿un radical vice de Milei?», AVANT PREMIERE, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/politica/super-lunes-congreso-gobierno-polariza-k-radical-vice-milei_0_k6TCCD1aZV.html)