La tensión de Patricia con el oficialismo estalló en el final de Adorni, punto final de disidencias que ella aprovechó para desmarcarse del mileísmo extremo.
Se vengó el gobierno al ungir como viceministro del Interior al lobbista Ignacio Devitt, a quien habían destratado en el bloque del Senado porque quiso darles lecciones a los senadores sin serlo él mismo.
El Senado, decía «Pacheco» Berhongaray, es un club inglés, con bolilla negra. No habla cualquiera. El peronismo se entregó también a reuniones públicas como las que se sucedieron en el museo Perón de San Vicente. Allí hubo escenario para que Jorge Capitanich expusiera su plan para las elecciones de 2027, invitado por el intendente local.
En la misma tribuna expuso sus pretensiones Axel Kicillof. Celebraron el aniversario de la muerte de Perón, que le sirvió al bloque de Unión por la Patria del Senado, ese mismo día, para hacer una presentación en la Bolsa de Cereales sobre algunos proyectos de ley: una de biocombustible, otra sobre trenes con el «Pollo» Sobrero, y otra con despedidos del sector de energía atómica.
El no lanzamiento de Brito
Otro diálogo de altura ocurrió en un piso 27° de Puerto Madero, sede del grupo Macro. El banquero Jorge Brito celebró con amigos, familia y algunos referentes políticos su cumpleaños 47.
Brito ha manifestado interés en la cosa pública en diálogos privados con políticos y amigos. Cuenta con un equipo de trabajo político que conduce Emilio Monzó para sondear sus posibilidades y la oportunidad de un lanzamiento político que hoy no tiene forma. Hombres como Diego Bossio no ocultan su interés en que ese objetivo cristalice en una propuesta política.
Brito es un afiliado al PJ de Salta y ya ensayó una experiencia pública como titular de River Plate, tarea que es tan difícil como administrar desde un cargo ejecutivo -lo sabe bien Macri-.
La selección de los invitados a ese cóctel-cena de cumpleaños pudo ilusionar a alguien con que Brito daría alguna señal sobre su lanzamiento político. Pero se limitó a agradecer a amigos, colaboradores y familia por el apoyo en sus tareas. Parecía un lanzamiento sin lanzamiento, una emulación de esas candidaturas mudas como las que protagoniza Macri en un rol del candidato que no es candidato.
Nadie perdió de vista que la gerencia en este tipo de emprendimiento es de alto riesgo, y más en una persona que tiene tantos frentes para proteger de la intemperie de la política.
La masa crítica de invitados reveló el interés que tienen sobre los gestos más imperceptibles del cumpleañero. Estaban, además de Monzó y Bossio, Alex Campbell, Gustavo Marangoni, Carlos Melconian, Mauricio Mazzón – hijo del legendario Chueco, hoy director de Telefónica del Perú, que pertenece al grupo Manzano-Filiberti -, María Eugenia Vidal, Luis Barrionuevo, Francisco de Narváez, Guillermo Stanley, Federico Salvai, Juan Nápoli, Luciano Laspina, Francisco de Narváez, Pepe Scioli, el gobernador de Jujuy Carlos Sadir, Marcelo Daletto, Matías Patanian y los clanes familiares del grupo.
Todos respiraron con alivio. Brito esperará por lo menos hasta fin de año para mostrar un proyecto, si lo hay. Depende de que se convenza de que su chance es ganadora y que puede ser esa tercera alternativa entre el pejotismo y el mileísmo, a la que aspira representar también el macrismo. De cristalizarse todas esas quimeras, ya tendríamos una elección de cuatro cuartos para 2027. Va a ser lindo.
(De la columna «Las lecciones del error Adorni», ENTRETELAS DE LA POLÍTICA, en Clarín de hoy – https://www.clarin.com/economia/lecciones-error-adorni_0_2MPXWSuFND.html)