MASSA EMPADRONA SOCIOS ANTI K (Y BOSSIO REMATA EL SELLO DE NÉSTOR)

La mirada filosa de Felipe Solá le puso algún margen al entusiasmo de algunos en la noche de Pinamar: “Estás anunciando la unión de las dos Coreas, pero no podemos mostrar ni un puto asiático”, le dijo a Sergio Massa sobre la cena de la noche del viernes en el quincho de La Herradura, al que asistieron una treintena de dirigentes del peronismo de todo el país que boyan entre la oposición rabiosa y el colaboracionismo de compañero de ruta. Los unió su diferenciación del kirchnerismo y del camporismo, de la cual cada uno debió dar explicaciones a los demás.

El armador original pareció ser Diego Bossio quien a la hora de los discursos quiso marcar distancia con el dueño de casa: “Soy claro opositor al gobierno de Macri”. Massa se adueñó de una iniciativa, de la cual informó este sitio por primera vez, como una reunión de Daniel Scioli y Juan Manuel Urtubey promovida por el ex director del Ansés para este fin de semana también en Pinamar.

El llamador se amplió cuando Bossio le dio la gerencia de la convocatoria a Mauricio Mazzón, con quien maneja el sello Gestar que tiene como bastonero mayor a José Luis Gioja y que hasta el 10 de diciembre fue una marca oficial del kirchnerismo. Era la única agrupación interna del PJ creada expresamente por Néstor Kirchner para agrupar peronistas del todo el país y es la que recibe los fondos del Estado para el auspicio de las actividades de formación política del PJ.

Fue una jugada audaz ésta de Bossio de usar el llamador de Gestar, pero nadie le iba a regalar el cetro de convertirse, de la noche a la mañana, del “enfant gâté” de Cristina de Kirchner, al árbitro del peronismo del siglo XXI. Los que fueron usaron el llamado en beneficio propio pero quedó todo en un encuentro de semblanteo más que de reparto de baraja. Fue también hábil Massa en apurar su presencia en esa cita porque fumigó la posibilidad de que estuvieran otros dirigentes del peronismo de primera línea como Scioli o José Manuel de la Sota, que lo último que querrían es subirse a una convocatoria del tigrense.

Toda la carrera de Massa se ha montado en fotografías oportunas pero esta vez había otra razón para ponerse en el centro de la cita: su cercanía a Mauricio Macri como el “opositor constructivo” lo pone en la mira de sus compañeros que lo ven cerca del colaboracionismo. “De Vichy”, le dijo uno de los asistentes a Massa en la noche de la Herradura. “¿De qué?”, preguntó el diputado. “Nada, dejalo, de Villa del Sur”, le respondió al entender que Massa no sabía de esa referencia al colaboracionismo y al agua mineral.

Massa es autor de gestos como habilitarle a María Eugenia Vidal un control negociado de la legislatura de La Plata a través del massista Jorge Sarghini. También de aceptarle a Macri la invitación al viaje a Davos que rechazó Scioli.

La respuesta que da a sus compañeros cuando le piden explicaciones, dice que es porque él viene del desierto y que no puede exponer a su fuerza al desamparo del poder que ha tenido el año pasado, y que esa cercanía el neo oficialismo le provee de armas y bagajes para seguir existiendo.

La reunión consistió en una larga serie de exposiciones sobre el futuro del peronismo que transitó por casi una veintena de oradores que ensayaron propuestas para enfrentar el futuro del peronismo como oposición. No hubo casi menciones a Scioli, como tampoco nadie se ensañó con la figura de Cristina de Kirchner, como si diera por sentado que el futuro de ellos está en la otra vereda de esos dos dirigentes a quienes todos miran ya como los candidatos estrella a senadurías en 2017. Lo más que hubo fue una crítica al llamado patagónico a José Ottavis para voltear el acuerdo para sancionar el presupuesto provincial: “Ella, recordó alguno, había dicho que nunca iba a dejar a un gobierno sin presupuesto”.

Ese silencio sobre los protagonistas principales de la última elección lo ilustró con saña uno de los asistentes: acá dividimos el mundo entre quienes le tienen miedo a Cristina y los que no. Nosotros estamos de este lado; muchos de los que no quisieron venir, todavía le tienen miedo a Cristina.

Como todo intento de sacar a una organización del estado gaseoso, la cita planteó convivencias forzadas bajo el mismo techo entre dirigentes de procedencias cruzadas como el salteño Gustavo Saénz (compañero de fórmula de Massa, adversario de Urtubey), el senador Carlos Caserio, los diputados Héctor Daer,  Alejandro Grandinetti, Juan Amondarain y Carlos Selva, los intendentes Germán di Césare (Miramar), Emir Félix (San Rafael, Mendoza) y  Joaquín de la Torre (San Miguel), Malena Galmarini, Mauricio Mazzón, el operador Guillermo Piuma. Cada cual sacó del encuentro conclusiones positivas. Por eso se fueron todos contentos hasta la nueva reunión de este grupo, que será en febrero en Villa Carlos Paz.

El rosario de exposiciones abundó mucho en lo metodológico y ahí estuvieron las diferencias:

  • Sobre el PJ. Urtubey sostuvo la idea de pelear la conducción del PJ nacional en las internas que habrá antes de junio. El mismo criterio sostuvo el enviado de De la Sota, Carlos Caserio. Este peronismo disidente delasotista gobierna Córdoba y conserva la marca PJ. Massa, en cambio, insistió en que el PJ es un sello muerto y que hay que avanzar hacia otras referencias como la que él sostiene en el Frente Renovador.
  • Solá, el más experimentado de la mesa, salió por arriba del laberinto y dijo que hay que trabajar pensando en el mediano y largo plazo, no en lo inmediato, con espíritu movimientista y que después se sabrá qué hacer con los partidos. “Acá no se trata de irse a pelea con Landau, y mucho menos de arreglar con él”. Despistó a todos con algunas citas de Francisco: hay que trabajar siguiendo lo que quiere hacer este Papa y recomendó leer lo que escribió en la exhortación Evangelii Gaudium y en la encíclica ecológica Laudato Si. Ya que de pontífice se habla, Solá mencionó al llorado Juan Carlos Mazzón – quien esa noche del viernes hubiera cumplido 72 años – como constructor de política a largo plazo, sin apresuramientos.
  • Aportó algo de humor el jujeño Carlos Haquim, vicegobernador massista del radical Gerardo Morales quien dijo: “Tenemos un gobierno que en un mes ha tomado más medidas buenas que en años de gobiernos peronistas”. Algunos rieron y le pidieron ejemplos: “Ahora tenemos una corte que vota 5 a 4 mientras que Fellner tenía una que ganaba 5 a 1. Esa reforma la hizo Morales”. Señaló además la pelea con Milagro Sala, la ex piquetera kirchnerista que, dijo, ejerce una oposición destituyente, aunque confían ahora con que se ocupe de su banca como mercodiputada en Montevideo.
  • Dalmacio Mera, senador por Catamarca y primo de Urtubey, propuso una apertura de calles al destacar a su colega de bancada Juan Manuel Abal Medina por su frase: “Mientras Felipe Varela y Rosas peleaban para ver quién era más federal, nos gobernaba Mitre”, una licencia en materia de precisión historiográfica, pero de la que todos entendieron la música. Mientras nosotros nos peleamos, dio a entender, nos ganó y gobierna Macri. Una manera, además, de poner una ficha por el reclutamiento de este Abal para este ensayo de nuevo espacio.
  • Bossio aportó a la serie de metáforas históricas de Mera al decir que esta vez los ricos de la Argentina han tomado el poder. Alguno sonrió por esa mención a la riqueza personal de los políticos que albergaba el coqueto quincho de La Herradura, donde no abundan los pobres. “Digo – aclaró – que esta vez no hizo falta que Menem sedujese a los ricos, ahora gobiernan ellos”. Sí, claro…
  • Mientras avanzaba la noche, los temas fueron perdiendo gravedad, pero ganaron interés, por ejemplo, la reflexiones de Solá sobre cómo el macrismo cultiva el narcisismo de algunos opositores. ¿De quién? Bueno… – y bajó la voz – el ego de Sergio, al que le ha tomado el tiempo. Esa confesión encierra otros secretos, como el consejo de Solá de que Massa no se suba al avión de Davos solo sino con otros políticos para que no se muestre como un colaboracionismo, sino como participando de una movida que ayuda al interés público. De esas charlas surgió la noticia de que podrían subirse a ese viaje Juan Schiaretti o Mario Das Neves, algo que anoche negaron a este sitio los organizadores del viaje presidencial.
  • Cuando habían bajado ya la mayoría de los vidrios, el ojo crítico y chancero recayó en el romance de la temporada, entre el kirchnerista José Ottavis y la actriz Vicky Xipolitakis. Uno que sabe de damas, reflexionó: ojo que, por las estaturas, el diputado está comprometido apenas con la mitad de Vicky, la otra mitad está disponible para algún compañero que tenga la bondad de atreverse. Miraba todo con una sonrisa Graciela Camaño, a quien llamaron esa noche “La Reina Madre” por su pasión por proteger a esas dos creaciones que son para ella Massa y Urtubey. Nunca dejará que nadie se meta con ellos y esa parece su función principal; por eso se quedó hasta el final de la noche, casi la madrugada de ayer.