En lo demás, Carrió fumiga hacia adentro del PRO con observaciones sobre sus adversarios internos de siempre. No son nuevas sus inquinas con el ala Frigerio-Ritondo, tampoco hacia Patricia Bullrich, a quien señala como volcada a un sesgo autoritario, que coquetea con los ayatolas de la ortodoxia económica como Milei.
En relación con el radicalismo insiste en su diferencia del nosiglismo. Pero la medida de su distancia con Gerardo Morales, el jefe de la UCR, la da la moderación de la respuesta que este dio durante su gira por Santa Fe el jueves y viernes pasado.
Con el propio Macri tuvo una diferencia que costó superar, cuando el expresidente la desairó y no la incluyó en la mesa principal de la cena de la Fundación Libertad.
En aquel momento, Macri sentó en su mesa a Alfredo Cornejo, Patricia Bullrich y Larreta, a quienes además les cedió el micrófono. “Esto marca un punto aparte con Macri”, dijo Carrió cuando se retiró de esa cena en Parque Norte. “Todo relato tiene un punto aparte, como diría Vargas Llosa”, quien esa noche era la estrella de la cena. “Me voy con la carterita, como lo hice alguna vez”, sonreía mientras recorría el pasillo principal del Golden Center, interceptada por invitados que le arrancaban selfis.
LPT (litio para todos)
Morales pertenece, como gobernador, al “triángulo del litio”, como el massista gobernador Gustavo Sanz, de Salta, que viene de poner a la nueva secretaria de Minería.
Esa panacea que es el litio congrega intereses que se mezclan con la política, en el oficialismo y en la oposición, y es otra de las venas abiertas que ha querido cerrar Carrió con el señalamiento de los pan peronistas amigos de Massa, que pueden tener intereses en ese negocio.
Morales mandó a borrar un primer mensaje airado para que no se viralizase y escalasen las especulaciones sobre qué y quienes juegan en ese triángulo del litio, que en la Argentina es lo que los geómetras llaman triángulo obtusángulo. Es el riesgo de quien gobierna, que no lo tiene quien hace política sin la responsabilidad de administrar.
Lilita en su ataque salvó a sólo tres nombres: Larreta – dijo que “es honesto” -, Macri y Negri, con quienes dijo haber hablado antes de su aparición en el programa de Morales Solá el lunes en TN. Negri guardó silencio, Larreta se quejó a reglamento y Macri mandó la respuesta a través de Fernando de Andreis, su secretario privado – que no es un político.
Una provocación antes de irse
El gobierno se tienta de aprovechar estas fricciones en el arco opositor. No tiene mucho margen para hacerlo. Lo que incrimina a los adversarios de Carrió es precisamente su relación con el neo oficialismo que encarna Massa.
Y el envión de Carrió se basa sobre la capacidad tóxica de Massa. Deja sin recursos a cualquiera que quiera ponerse cerca de él. Se vio el miércoles en la sesión del Senado, en el voto opositor al proyecto de extensión del blanqueo para la construcción, que llevaba las firmas de Massa y Ritondo.
Massa salió de la presidencia de la cámara de Diputados pidiendo que se aprobasen en el Senado la prórroga del blanqueo para la construcción que firmó con Cristian Ritondo, presidente del bloque PRO. Esa sobreactuación de Massa fue leída como una provocación.
Para el pan republicanismo fue un avance sobre la línea para probar la respuesta de la oposición. Ahí la tiene. La oposición votó en contra del proyecto en el Senado ese mismo miércoles. Este avance tenía un antecedente: el voto del área protegida “Agujero Azul” – rechazado por la Coalición – por parte de Emilio Monzó, Domingo Amaya, Sebastián García de Luca y Margarita Stolbizer.
Entraron al Congreso por JxC, pero buscan algún entendimiento con el peronismo no cristinista del Interior, que ha sesionado en la parrilla de Juan Manuel Urtubey con la presencia estelar de Juan Schiaretti, que también acecha: el viernes recibió en Córdoba a Martín Lousteau.
(De la columna “La oposición gana fuerza ante una crisis” Entretelas de la política, en Clarín de hoy – https://clar.in/3SNPPhO?fromRef=twitter)