A tres años de gobierno, la lentitud de los resultados castiga en cuentas y métricas como la de la inflación o el riesgo país. Porque si pedís blindaje, precipitas la fuga y no vas a lograr que nadie quiera ir a comprar tu producto. ¿Cómo vas a dar confianza si no decís que tu país es el mejor? Cuando vieron el éxito de la epopeya futbolística de las semifinales en serie, el Gobierno intentó dar vuelta la artillería y ensayar exaltaciones nacionalistas de pacotilla, como volver a algunos ordenamientos que castigan a los extranjeros por su opinión. Ensayó un regreso a las leyes de residencia, que se aplicaban a comienzos del siglo XX para perseguir ideológicamente y motivaron casos vergonzosos de injusticia que han quedado en la historia.
Dos para recordar. En 1930 el gobierno de la revolución de Uriburu le retiró la ciudadanía a uno de los filólogos más importantes de la lengua española, el polaco argentinizado Ángel Rosenblat. Le sacaron la ciudadanía, acusado por comunista, y lo echaron de sus cátedras en la UBA. Se fue a Venezuela y completó su carrera como uno de los filólogos más importantes del siglo XX. En los años ’70, el gobierno militar le cercenó la ciudadanía, y lo expulsó del país después de una detención con torturas, a Jacobo Timerman, una de las leyendas del periodismo del siglo XX. Había nacido en Rusia y le quitaron la nacionalidad, que le repuso Raúl Alfonsín años después.