JUEGOS TRAMPOSOS EN EL PAÍS DE LOS POLÍTICOS DÉBILES

OFICIALISMO Y OPOSICIÓN SE OFRECEN AUXILIOS TRAMPOSOS • CANJEAN GOBERNABILIDAD POR CAJA • CREEN QUE SE SACARÁN VENTAJAS • PERO ARRIESGAN EL PRESTIGIO ENTRE SUS VOTANTES Y LA CONFIANZA EN SU FUTURO • EL PJ DE BS. AS., PULVERIZADO EN TRIBUS, TENDRÁ 10 APODERADOS • LANZA EL JUEVES CAMPAÑA ELECTORAL CON UN CONGRESO • EL MACRISMO PROVINCIAL LES ENTREGA ÁREAS DE PODER COMO MAR DEL PLATA • SEDUCEN A VIDAL CON QUE SON MENOS AMENAZANTES QUE MASSA •  DUHALDE QUIERE QUE EL PERONISMO PIERDA PARA REFORZAR A MACRI • ESCUCHÓ DIAGNÓSTICO DE LOS LAVAGNA • EL PJ CAPITAL MUESTRA A GINÉS CANDIDATO • CARRIO CUMPLE AÑOS PERO POSTERGA FIESTA • TAMBIÉN OCULTA PROYECTO • “SOY UNA VOZ” •

La Argentina de los políticos débiles produce monstruos, como los goyescos sueños de la razón. El último producto es el juego tramposo con el cual terminan el año oficialismo y oposición, heridos por la debilidad. Según ese juego, el gobierno llama a opositores mansos a que colaboren con su gobernabilidad, ofreciéndole veredas para caminar juntos hacia las elecciones de 2017. Arriesga no sólo el prestigio que tiene entre sus votantes de 2015 (los propios del 34,15% de la primera vuelta y el 20% que sumó en la segunda para ganar). También pone en duda la confianza en la sustentabilidad del gobierno en el futuro cercano. De la oposición, le responden con ofertas de colaboración para atornillar la gobernabilidad. El peronismo de todas las bandas participa de este ánimo, y arriesga lo mismo que el oficialismo: el prestigio que tiene en la población que rechaza al gobierno Macri y lastima la confianza en que podrá recuperar el poder en un futuro cercano. Eso convierte al juego en una trampa en la que pueden caer cualquier de las dos partes, además de ser un juego tramposo hacia el público que sostuvo las dos posiciones que se enfrentaron en las elecciones de 2015. El gobierno juega con fuego y entrega espacios al peronismo a cambio de apoyos legislativos haciendo el guiño pícaro de que sólo está simulando para sacar ventajas y que al final ejecutará a su socio de ocasión. El peronismo lo consiente con el mismo guiño: un macrismo en minoría necesita esos apoyos y al final eso ayudará a sepultarlo.  

El juego, además, lastima hacia adentro a los sectores, cuyos dirigentes buscan ventaja para consolidar posiciones. Ocurre en Cambiemos, adonde crecen los interrogantes sobre cuál es la estrategia en distritos clave y qué rol le dará a cada aliado de la liga que se encarnó en el Partido del Ballotage que puso a Macri en la Casa Rosada. La crisis interna es más profunda en el peronismo, trizado en los cuerpos legislativos de los distritos más grandes de la Argentina. Unos y otros se entregan en estas horas a negociaciones de distinto grado de visibilidad, en los cuales buscan rearmarse para empezar el año.

El peronismo de la provincia de Buenos Aires hace este jueves 29 el congreso partidario en La Matanza. Es el lanzamiento formal de la campaña para 2017 en el distrito, porque el orden del día incluye la aprobación de un mandato al Consejo provincial para que arme coaliciones electorales el año que viene. Hablando en plata, es la defunción de la sigla Frente para la Victoria, un emblema de la derrota, que el partido quiere borrar de sus banderas. Lo más jugoso que aporta ese congreso es que sellará el acuerdo al que llegaron las tribus del PJ bonaerense el lunes de la semana pasada, para que el titular Fernando Espinoza comparta la conducción de una Comisión de Acción Política de 15 miembros, que representa a las fracciones que tironean por quedarse con el manejo del partido. Esa pulverización de la representación ofrece otro ejemplo más frágil aún: el partido tendrá 10 apoderados, también representando a otras tantas tribus. Lo único que falta es que después designen un apoderado que represente a esa decena de apoderados.

El estado de la formación lo revela el cruce de puños que hubo en la legislatura de La Plata en las horas previas a la Navidad entre Espinoza y el intendente de San Martín Gabriel Katopodis. Fue un capítulo en la discusión del presupuesto provincial, algo en lo cual el gobierno Vidal cedió posiciones ante el peronismo. Algo que hace en otros niveles de la gestión, como la intervención que ejercen delegados del peronismo, como el ministro Joaquín de la Torre, en distritos como Mar del Plata. Allí el oficialismo ha desahuciado al intendente Carlos Arroyo, y ha resuelto capturarle la gestión. Si eso sigue en otros partidos de la provincia, el peronismo habrá recuperado el poder que perdió con la derrota del 25 de octubre de 2015. Alienta esto la percepción del peronismo de que el macrismo necesita un socio de reemplazo para Sergio Massa, que es un peligro para el oficialismo, porque sostiene un proyecto para competir en 2019 con Macri. Cuando acercan apoyos, dan a entender que ellos son mejores socios porque no tienen tanto futuro político como Sergio y que por eso son más inocuos. Más trampa.

Estos movimientos son paralelos a los que hacen otros sectores del peronismo, como el massismo y el vetero-duhaldismo, que también juguetean con trampa en los arrabales del oficialismo. Sergio Massa ha desarrollado una metodología para aprovechar con éxito el rol de bisagra de su bloque en el Congreso nacional y en la Legislatura porteña. Eso le permite simular un poder que va más allá de los votos que tiene, que cuanto más tiene poder de daño para condicionar al oficialismo que simula reír en público, pero que se muestra airado hacia su figura de puertas adentro. Eso se mostró en el almuerzo que mantuvieron dirigentes de los dos sectores, en la sede porteña del Movimiento Productivo Argentino de la calle Carlos Calvo. El anfitrión Eduardo Duhalde se hizo acompañar por Alfredo Atanasoff y Carlos Brown, y los invitados fueron la flor y nata del massismo: Roberto y Marco Lavagna, Aldo Pignanelli y, a la hora de la sobremesa, Felipe Solá. Se sumó a esa mesa el ex presidente Ramón Puerta, hoy embajador del macrismo en España, Miguel Ángel Toma – director en representación del Estado en Techint -, los ex embajadores Archibaldo Lanús y Carlos Piñeiro Iñiguez y el economista Lisandro Barry.

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Carlos Brown, Ramón Puerta, Alfredo Atanasoff, Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Roberto Lavagna, Lorenzo Sigaut (h) y Marco Lavagna en multipartidaria peronista en el MPA

También estaba el economista de Ecolatina (alma mater de los Lavagna) Lorenzo Sigaut Gravina, que tuvo a su cargo un informe sobre la marcha y el futuro de la economía junto a Lavagna (h) – en esas reuniones Roberto suele escuchar y, cuanto más, acompañar con gestos. El reporte fue drástico sobre el primer año de la economía de Macri, pero adelantó que 2017 será mejor, ¿Y 2018? Será peor, fue la música, porque se notarán los efectos de haber postergado el ajuste. Nadie de la mesa, y había otros economistas presentes, disintió con ese dictamen. En la cabecera, el encuentro sumó comentarios políticos. Sorprendió a todos Duhalde cuando dijo que el peronismo debía mantenerse dividido en Buenos Aires en tres sectores, y que eso era necesario para asegurarle una buena elección al macrismo en 2017. Eso desorientó a todos; uno de los presentes le dijo: Eduardo, ¿quién entra en la cancha para perder? Duhalde insistió: sería un desastre para el país que el gobierno tuviera una derrota electoral. Puerta salió por el medio exponiendo su programa sobre la necesidad de crear un nuevo peronismo, ir a una interna de candidatos y elegir una conducción después de las próximas elecciones.

En la Capital las cosas tuvieron el mismo aire de ensayo experimental, con la reunión del club Español que logró llevar a todos los sectores del peronismo, salvo los dos que confrontan en el distrito: el de Juan Manuel Olmos, que se llevó parte del bloque a su casa y formó querencia aparte, y La Cámpora, también ausente. Nadie quiso darle precedencia a otros, pero estaba el presidente del partido, Víctor Santa María, que perdió poder en la Legislatura con la migración de Olmos, quien pareció reconciliado con Alberto Fernández, el principal beneficiario del encuentro. El ex jefe de gabinete busca volver al escenario, y ha ensayado todas las puertas, portales, ventanas, ventanucos y ventiletes, y no lo logra. Se siguen moviendo dentro del massismo, pero el sector de Massa lo representan en la ciudad Marco Lavagna, el diputado nacional Julio Raffo y el legislador Javier Gentilini. Estos dos últimos buscan la reelección en sus bancas, y están más cerca del corazón de Massa que Fernández. Para colmo estaban en esa reunión Ginés González García y Eduardo Valdés, dos estrellas del peronismo, a quienes se sumaron Daniel Filmus, Raúl Garré, Rodolfo Daer, Camilo Vaca Narvaja y otros. Ginés fue elegido legislador en 2007 a la cabeza de la lista del PJ, pero prefirió ser embajador en Chile. Ahora puede ser cabeza de la lista de diputados nacionales porque da bien en las encuestas, por encima de todos los otros dirigentes. Valdés quiere seguir siendo diputado del Parlasur, aunque esa dignidad tiene hoy un estado gaseoso.

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Roberto Daer, Eduardo Valdés y Ginés González García reaniman el peronismo porteño en cumbre que beneficia a Alberto Fernández, un massista a quien Sergio Massa no reconoce en Capital

Algunos de los presentes compartieron la jornada con la reunión-homenaje a Dilma Rousseff, que vino al país en extraña gira de reivindicación. La trajo Santa María, que le hizo una evocación en el túnel del tiempo, acompañado de autoridades partidarias como José Luis Gioja. Este sanjuanino descubre el kirchnerismo después de hora; fue víctima de Cristina de Kirchner, que lo desplazó de la jefatura del bloque, en el que impuso a Héctor Recalde, con argumentos menoscabantes. Ahora se plegó a quienes dicen que la destitución del Dilma es como la salida del poder de Cristina, como si un juicio político fuera lo mismo que el final de un mandato. A Gioja le siguen pidiendo desde el peronismo que encuentre una fórmula para unificar los bloques, pero no ha cargado contra el cristinismo legislativo. Eso achica su espacio en el partido.

Esos movimientos pueden dar frutos en el armado de las listas en la Capital, territorio que tiene hoy todas las miradas puestas en la figura de Elisa Carrió. La jefa de Coalición cumple 60 años y la diputada ha rodeado de misterio esta fecha. Ha dicho que se jubila, pero no dice a qué. Tampoco termina de confirmar si será candidata a renovar la banca. En este sitio hemos adelantado el escenario de que no sea candidata a nada, y que vuelva en 2019 como postulante a senadora nacional. Quedarse en su casa dos años es una prueba de poder. “Soy una voz”, dice, y con eso da entender que no necesita de una banca que la obliga a desgastantes sesiones. En 2019 Cambiemos necesita hacer una gran elección para que Macri pueda intentar la renovación de su mandato presidencial. Carrió tenía previsto para hoy una fiesta gitana por los 60 años en su casa de Exaltación de la Cruz, pero la suspendió para el mes de mayo. Argumentó razones de salud. Dice estar cansada y trata de reponerse de la crisis de los “stents”. Festeja que cobró ya parte de una retroactividad por tareas jurídicas en el Chaco, de antes de la política, porque con eso podrá terminar la casa que se hizo en Capilla del Señor. Lo que decida se transmite a otras decisiones en el oficialismo. Si es candidata debe resolver qué hará con la sociedad que tuvo el año pasado con Martín Lousteau, otro que juega a las trampas con el macrismo. Es funcionario en la diplomacia, pero manda a su gente en la Capital a hacer oposición.

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Navideña, Eñisa Carrió cumple años pero posterga fiesta gitana para el mes de mayo. Hasta entonces, misterio sobre candidaturas.

Carrió ha enfriado su entusiasmo hacia el hombre de los rulos porque lo ve muy cerca de la liga de sus adversarios en el radicalismo porteño (Enrique Nosiglia, Daniel Angelisi, Emiliano Yacobitti y sus ramificaciones en algunas oscuridades de la política). Eso activa a otras tribus del oficialismo, como la del Pro-radicalismo que anima Angelisi, que llevó a su gente a una comida en el club del Progreso para despedir el año. El padrón de los presentes – una cincuentena de invitados – mostró el arco de seguidores: el ministro de Justicia porteño Martín Ocampo y su vice, Jorge Enríquez, Juan De Stéfano (funcionario en la ex SIDE), Enzo Pagani (Consejo de la Magistratura), Juan Palmiotti (ombudsman del Turista), Cristian Gribaudo, “Cachorro” Pacheco, etc. En esas mesas se discutieron adelantos de candidaturas, porque algunos de los presentes tienen aspiraciones. Saben que este sector tendrá que negociar con el Pro-Pro de José Torello y que hay nombres innegociables del oficialismo para renovar bancas. Uno es el de Carrió, el otro es el de Pablo Tonelli, clave como presidente de Asuntos Constitucionales en la cámara de Diputados. En esas mesas del club del Progreso supimos de la renuncia de María Servini al cargo de juez electoral subrogante en Buenos Aires. El jueves, el Consejo de la Magistratura votó en comisión reemplazarla por el juez Juan Manuel Culotta, de Tres de Febrero. Ella renunció antes a la subrogancia en la que sería reemplazada en febrero, cuando se reúne el plenario. No sabe en lo que se ha metido el oficialismo al intentar tocarla a la juez; nadie sabe tampoco por qué lo hizo, porque se gana una adversaria difícil de roer y que viene de antes del tiempo y que sobrevivirá a las tribulaciones de hogaño.

El arbitraje de nombres se agudizó en los últimos días del año, porque el verano es tiempo de promociones. En Córdoba el radicalismo se esfuerza por construir un candidato que pueda darle pelea al candidato José Manuel de la Sota, que quiere volver como diputado nacional a ser árbitro. Ese rol le hará endurecer la relación con su socio Sergio Massa, con quien también juega a las trampas. La estrella del Pro es el ex árbitro Héctor Baldassi, bueno en el mostrador como candidato, pero que no moviliza abajo en una provincia en donde el poder territorial en los municipios es clave. Termina mandato, como el radical Diego Mestre, hermano del intendente. Querrá reelegir y para tantas pretensiones los macristas puros y los radicales tendrán que ir a una PASO. Los radicales tiene tres figuras en consideración: Juan Negri, concejal en la Capital e hijo de Mario Negri, que fue la estrella de la semana por su respuesta al peronismo en el debate sobre los incidentes en Jujuy por Milagro Sala. Su discurso se viralizó y llegó a superar como Trending Topic al casamiento de Carlos Tévez. El otro es Rodrigo de Loredo, con trayectoria partidaria pero que hace años que vive en Buenos Aires. Es el yerno del ministro de Comunicaciones Oscar Aguad y es director de ARSAT. Otro es el intendente de Jesús María, Gabriel Frizza, que preside la liga de intendentes del Pro de Córdoba.

También los conservadores porteños, aliados de Macri en Cambiemos a través del Partido Demócrata, discuten nombres para las listas del año que viene. Tienen un diputado nacional, Eduardo Conesa, y un legislador, Eduardo Santamarina. El presidente del partido, Ricardo Balestra, y el de la convención, Alberto Allende Iriarte, aspiran a la reelección en sus cargos para reforzar la relación con Cambiemos y sacarla del seguidismo al gobierno del Pro. Con eso buscan margen para colocar dirigentes en cargos salientes en listas nacionales y del distrito.

En la previa de la Navidad hubo brindis y despedidas de año incluso en peñas culturales y políticas cuyo seguimiento es especialidad de este sitio. Lo más notable fue el cierre del año de la peña hermética masculina Círculo Azul, que sesiona en los altos del Café Notable La Poesía, en San Telmo. Allí se habló de cine, de François Truffaut y la “nouvelle vague”, se intercambiaron obsequios (libros y láminas dedicadas por sus autores a cada contertulio) y brindaron por un venturoso 2017 despidiendo a los que iniciaban sus retiros veraniegos. Estaban Roberto De Luca, Roberto Del Villano (que sigue exponiendo sus magníficas Acuarelas en la mítica Agrupación Gente de Arte y Letras Impulso en La Boca), Luis Grossman, Horacio De Dios, Juan Carlos Escalante, Marino Santa María, Hugo Maradei, Horacio Spinetto, José Alonso Gomez, Raúl Navas, Diego Barovero, Jose Esteban Bava y el anfitrión Pablo Duran, que cenaron pantagruélicamente y libaron hasta bien entrada la madrugada.

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Fin de año con arte y poesía en la Peña misógina Círculo Azul, de San Telmo